Fue el anuncio de sus futuras intervenciones masivas en los mercados de deuda, pero de aquella crisis existencial, de aquellas palabras precedidas de una profunda descripción sobre los progresos en la reforma de la eurozona, y también de importantes advertencias sobre cómo avanzar, los líderes de la UE extrajeron varias enseñanzas: las finanzas públicas nunca más podrían colapsarse ante una crisis económica; la supervisión bancaria había fallado y el sector debía reforzarse; la deuda soberana era una círculo vicioso con los problemas financieros privados.
Si una economía del euro se hundía activaba una caída de fichas de dominó en todo el continente, de mayor o menor extensión, amenazando un proyecto, el del euro, calificado como “irreversible” en el que “se estaba invirtiendo una cantidad de capital político”, según Draghi.
Europa estaba construyendo a marchas forzadas su Unión Bancaria, y apretó aún más el acelerador, basándola en tres pilares: la supervisión comunitaria de las entidades sistémicas, la resolución unificada de los grandes problemas bancarios y una protección común para aquellos depósitos hasta 100.000 euros.
Para atender al primer pilar, la UE diseñó una segunda unidad, o arquitectura, para el BCE, dotándole del Mecanismo Único de Supervisión (SSM, en sus siglas en inglés). Para el segundo, apareció la Junta Única de Supervisión, una agencia comunitaria independiente con poderes para reestructurar o liquidar las entidades al borde de la quiebra. Para 2023 contará con 60.000 millones de euros en un fondo financiado por bancos y entidades de crédito, con el que afrontar los costes de una resolución bancaria. Ahora mismo ya va por 33.000 millones.
A lo largo de todos estos años, sin embargo, el tercer pilar de la Unión Bancaria ha encallado hasta casi morir por las diferencias políticas entre los socios del euro. Alemania, Países Bajos, Austria, Finlandia, incluso socios externos como Dinamarca, se negaban a compartir los costes de asegurar los pequeños depósitos de bancos en Italia o Grecia. Hasta que un alemán ha llegado a su rescate.