El Partido Popular vuelve a obtener la victoria en las elecciones generales, pero no es suficientemente amplia para formar Gobierno, ni siquiera con el apoyo de Ciudadanos. La tiranía de la aritmética le hace depender del PSOE para alcanzar La Moncloa, ya sea por un apoyo explícito en forma de gran coalición o por abstención para dejar al PP intentar un Gobierno en minoría. Durante la campaña, los populares ya han anunciado que su objetivo es intentar la gran coalición, aunque el PSOE la ha rechazado.
Los resultados de los socialistas han sido los peores de la historia democrática, pero siguen teniendo la llave para formar Gobierno. Al menos, Pedro Sánchez ha aguantado el envite del sorpasso de Unidos Podemos. El PSOE ha sacado 300.000 votos más que la formación morada. Pero tendrá que decidir si abrazarse a la gran coalición, dejar gobernar al PP o condenar al país a unas terceras elecciones. Tal como sucedió tras las elecciones pasadas, esto puede suponer un terremoto interno con una fractura entre los barones y la propia militancia. Los votantes socialistas tendrán difícil digerir un apoyo directo o indirecto a los populares.
Una de las grandes diferencias respecto a las anteriores elecciones es que la posibilidad de un Gobierno de izquierdas desaparece. El retroceso de PSOE y Unidos Podemos han eliminado el camino de una multicoalición con fuerzas independentistas que defendía Pablo Iglesias durante los últimos meses.
El gran cambio que deja las nuevas elecciones son dos únicas posibilidades aritméticas y lógicas para que se forme un Gobierno. La primera, una gran coalición de PP y PSOE, que ofrecería una amplia mayoría absoluta, a la que se podría sumar Ciudadanos. La otra sería una alianza de PP y Ciudadanos, y sin los socialistas en el Gobierno, pero optarían por la abstención. El resultado sería un Ejecutivo más débil y con una oposición que podría bloquear las iniciativas del posible Gobierno con el apoyo de fuerzas nacionalistas. Antonio Hernando ya ha declarado que el PSOE no apoyará un Gobierno del PP "ni por activa ni por pasiva".
De todos modos, las negociaciones no se esperan fáciles. Albert Rivera durante la campaña ya estableció la primera línea roja a condicionar el apoyo de su partido a que no sea Mariano Rajoy el próximo presidente. El propio Rivera ha declarado que, si se forma un Gobierno en el que "todo siga igual", Ciudadanos se marchará a la oposición, dando a entender que no apoyará un Gobierno con Rajoy. El PSOE se podría sumar a la caza para lograr una gran pieza que vender ante su militancia y sus votantes un respaldo directo o indirecto al Partido Popular.