El seguro español, proveedor de rentas vitalicias es un trabajo que reúne información de 22 aseguradoras de vida. Estas entidades desembolsaron en 2013, ejercicio de referencia de la muestra, una cantidad de 1.536 millones de euros. Si se toma en consideración el número de beneficiarios, el resultado es una renta anual media de 7.358 euros por persona. Si esta cuantía se reparte en 12 plazos, se traduce en una renta mensual de 613 euros. Entre tanto, si se divide en 14 pagas, el desembolso asciende a 525,56 euros.
La base de la renta vitalicia es el principio de que, si bien no se puede prever la muerte o la supervivencia de un individuo concreto, sí es posible prever la esperanza de vida global de una generación o cohorte de individuos nacidos en el mismo año. Por tanto, las operaciones de seguro equilibran o compensan la supervivencia más allá de lo previsto de algunos integrantes de esos colectivos con la infrasupervivencia de otros.
Las rentas vitalicias colectivas son aquéllas surgidas en el marco de los esquemas de previsión complementaria. Esto es, en entornos de ahorro-previsión generados en el marco de las relaciones laborales. Gracias a las rentas vitalicias, los trabajadores ahorran de forma conjunta y perciben en el momento de su jubilación una pensión de por vida cuya cuantía varía en función del ahorro acumulado que se adscribe a cada uno.
Las empresas contratan las rentas vitalicias colectivas y los beneficiarios del producto son sus empleados. La mayor parte de las compañías que constituyen estos programas de ahorro-previsión se encuentran ubicadas en Cataluña (33,3%), Madrid (32,8%) y Asturias (23,5%). Sin embargo, los perceptores de dichas rentas vitalicias, es decir, los antiguos trabajadores, no residen necesariamente en la misma comunidad autónoma donde se encuentra la sede central de su antigua empresa. La dispersión se hace patente puesto que un 20,3% vive en Cataluña; en Madrid otro 14,2%; en Asturias el 11,7%, y en Andalucía un 10,2%.
Un análisis por tramos de edad de las rentas vitalicias colectivas evidencia que se trata de un producto para la jubilación. El 90% de los beneficiarios son personas de más de 65 años. De hecho, la cohorte de perceptores más nutrida es la de las personas entre 75 y 84 años. La edad media de los beneficiarios en muy parecida en todas las regiones. Por lo general, oscila entre los 74 y los 79 años.