Por proximidad, la mayoría de bancos españoles tienen activos en Portugal, aunque solo sean oficinas. El último en entrar en el país vecino ha sido Bankinter con la adquisición del negocio bancario de Barclays, pero desde hace años España tiene una fuerte presencia en el país. Santander cuenta con su filial Totta, que tiene una cuota de mercado del 10% y es el quinto banco del país por número de activos. BBVA y Popular cuentan con ficha bancaria propia y su propia red de oficinas, aunque su presencia solo supone el 2% y el 1%, respectivamente. Con la entrada de Bankinter la cuota de mercado asciende al 17%. Pero otros grandes bancos también tienen presencia a través del capital de entidades lusas. CaixaBank es el principal accionista del cuarto banco más grande del país, BPI. Y Banco Sabadell ostenta una participación del 5,5 % en el Banco Comercial Portugués (BCP), el segundo más grande del país.
El sector financiero portugués está viviendo un proceso de consolidación parecido al de años atrás de España, pero a escala reducida. El país entró en una profunda y larga recesión, después del estallido de la crisis de Grecia en 2008. Como España estuvo al borde de la quiebra con una elevada deuda un abultado déficit que se llevó por delante a los bancos nacionales, todos necesitaron inyecciones públicas provenientes del rescate europeo. Tres años después, la economía ha vuelto a la senda de la recuperación tras dolorosos ajustes. El PIB crece a un ritmo trimestral del 0,4% y las previsiones son que la economía crezca al 1,7% a final de año y se acerque al 2% en 2016.
La mejora de las perspectivas ha convertido al país en tercero de la zona euro que más empleo genera. La economía lusa se ha dado la vuelta como un calcetín, tras tres años de ajustes ha ganado productividad, competitividad y se ha convertido en un destino apetecible de las inversiones por el precio de los activos a la baja. Los bancos portugueses no son una excepción y para cuando pasen las elecciones de octubre comience el baile de fusiones. Las entidades están comenzando a notar en sus cuentas la recuperación económica. De los cinco principales bancos, solo Caixa Geral de Depósitos esquivó los números rojos y lo hizo gracias a ajustar balance y vender activos. En lo que va de año, salvo Novo Banco (la escisión del malogrado Banco Espirito Santo) todos han vuelto a registrar ganancias. Tras las recapitalizaciones, la mayoría de los casos públicas, las entidades han mejorado su solvencia. Sólo Caixa Gral y BPI aprobaron las pruebas de resistencia del BCE. Pero tienen el mismo problema que la banca española, la escasa rentabilidad del negocio bancario. El destino de la banca europea con un entorno de tipos de interés excepcionalmente no le queda más remedio que crecer vía corporativa. Algo que satisface a las autoridades europeas para reducir el número de entidades de tamaño medio. Los supervisores están alentando a los bancos para realizar fusiones más allá de sus fronteras con el objetivo de ganar cuota de mercado en otros países y diversificar los riesgos.
Las bajas valoraciones de las entidades lusas y el conocimiento del mercado, las han convertido en objeto de deseo a parte de la banca española. De ahí el interés de CaixaBank de hacerse con el 100% de BPI, que finalmente naufragó o de Santander por NovoBanco. Los dos intentos fracasaron pero fuentes del mercado apuntan que se esperan nuevos movimiento, una vez que pasen las elecciones. Encima de la mesa está la resolución de la privatización de NovoBanco después de que las autoridades portuguesas no alcanzaran un acuerdo con la aseguradora china Anbang y la posible fusión entre BCP y BPI.
Pero no todo es interés por la banca portuguesa. BBVA después de 23 años en el país quiere abandonar el país y vender el negocio. La entidad desconfía de las oportunidades que ofrece el país y no tiene pensado participar en la última fase de la reestructuración del sector. Actualmente, ha dejado de conceder préstamos hipotecarios, ha cerrado la mitad de oficinas y ha despedido a una quinta parte de la plantilla del país. Pero no ha sido la única entidad que ha recogido las maletas de Portugal. Aparte de Barclays, con la venta del negocio a Bankinter; Banco CEISS ha decido cerrar sus oficinas y ha pedido al Banco de Portugal retirar su licencia bancaria. Lo mismo ha hecho Deutsche Bank. Desde 2011, dieciséis bancos han cerrado la ventanilla en Portugal.
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