Una de la formas de afrontar esta crisis ha consistido en continuar regando el mercado de liquidez. El Banco Central Europeo decidió extender unas medidas que tienen especial incidencia sobre el mercado financiero y sobre los bancos, destinadas a que el dinero siguiera fluyendo hacia empresas y familias. Lo mismo hizo el Gobierno de España, al igual que muchos gobiernos europeos, con el lanzamiento de avales públicos para los créditos que proporcionaran los bancos.
Estas medidas vienen a confirmar el peso que tiene la banca sobre el resto de la economía. Desde el sector financiero fluye el dinero como lo hace la sangre bombeada desde el corazón. Por eso, siempre se ha considerado que puede jugar un importante papel en la transformación de la economía y, en concreto, en la transición ecológica.
Pero por mucho que los bancos se encuentren en el centro, rechazan que se les otorgue la responsabilidad en la materia. Así lo explicó a principios de esta semana la consejera delegada de Bankinter, María Dolores Dancausa, quien afirma que la banca tan solo hace el papel de intermediario. «La vigilancia se tiene que poner sobre los proyectos nuevos, que la banca ya tiene bastante vigilancia», avisa Dancausa.
Lo mismo piensa Gregorio Villalabeitia, presidente de Kutxabank: «Los bancos no son los que expulsan el CO2», aclara. Ambos dirigentes ponen el foco en que su función consiste en analizar si los proyectos de sostenibilidad son viables. Si dichos proyectos son más o menos sostenibles, no depende de los bancos. El propio gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, señala que no existen formas de medir conceptos como la sostenibilidad.
No obstante, es obvio que el sector puede canalizar una demanda social como es la apuesta por la sostenibilidad. El consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, cree que “el hecho de que la banca esté en el centro de los flujos financieros nos permite actuar como acelerador de una transición bien hecha hacia la sostenibilidad».
