Pérdidas de 5.943 millones de euros en 2015 para BP; desplome del beneficio del 87%, hasta los 1.748 millones de dólares para Shell (y un recorte de 10.000 empleos); o "números rojos" de 4.400 millones de dólares para Statoil… que contrastan con el compromiso mostrado por su ejecutiva con el dividendo. Y, sobre todo, con la postura adoptada por la estadounidense ConocoPhillips que, tras perder 3.500 millones en el cuarto trimestre del año pasado, ha optado por recortarlo, aunque en diciembre afirmaba que era "su mayor prioridad para usar el efectivo".
Para todas el petróleo ha colapsado desde los más de 100 dólares que alcanzaba en junio de 2014, a los mínimos de 12 años y medio, en niveles de 27 dólares, del mes pasado. Y todas, opina Barclays, "están tomando el camino más adecuado para su propio negocio".
Y es que, explican, "para Conoco la caída del negocio de downstream deja a la compañía con menos flexibilidad financiera que a BP o Shell". Así, al apostar por una reducción, la primera "se ha reposicionado para convertirse en uno de los productores de bajo coste más equilibrado y con menor riesgo de balance". Mientras, las petroleras británicas "siguen ofreciendo rentabilidades cercanas al 8%, centradas en el dividendo como principal prioridad financiera".
Una divergencia que se asienta sobre dos rasgos distintivos: "En primer lugar, la contribución significativa al flujo de caja que ofrece el downstream y, en segundo, el espacio para recortar los costes y aplicar una mayor disciplina de capital. Esencialmente, los grupos británicos al mantener el dividendo, se garantizan una mejora significativa de la eficiencia en la asignación del capital en relación con lo que estamos acostumbrados o, dicho de otra manera, ‘la disciplina paga dividendos’".
Esto es, no han remunerado de más a sus accionistas, sino gastado de más, por lo que la reducción del capex ayuda a sostener los dividendos incluso en un mundo en el que el barril de petróleo se pague a 40 dólares.