"El diablo está en los detalles", pero, por el momento, sabemos que el nuevo programa de ayudas a Atenas, con una duración de tres años, podría alcanzar los 86.000 millones de euros; de los cuales, entre 10.000 y 25.000 millones se emplearán para recapitalizar a la maltrecha banca griega. Asimismo, incluye la creación de un fondo con 50.000 millones de euros en activos que se privatizarán y se emplearán para amortizar deuda.
Los principales escollos de las negociaciones habrían sido dicho fondo, la participación del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el compromiso de una quita/reestructuración de la deuda. Todo apunta a que el primer ministro heleno, Alexis Tsipras, tampoco ha conseguido nada de esto, pues en documento que se ha filtrado implica al organismo capitaneado por Christine Lagarde y sólo hace una vaga mención a "medidas" (mayores periodos de gracia y vencimiento) para asegurar que las necesidades de financiación se mantienen en niveles sostenibles, eso sí, tras una primera revisión del programa.
Ahora, en apenas tres días, para el 15 de julio, el Ejecutivo de Syriza debe legislar y conseguir el visto bueno del Parlamento a la reforma del IVA, el sistema fiscal y las pensiones, así como hacer más independiente a su agencia de estadística. "Ajustes y reformas que llevan negándose desde hace seis meses", afirma José Luis Martínez Campuzano, estratega de Citi en España.
Este experto, llama la atención sobre tres consecuencias principales: "A nivel europeo la desconfianza hacia las autoridades griegas es la primera consecuencia de la negociación fallida en todo este tiempo. La segunda consecuencia es simplemente que muchos gobiernos europeos, igual de soberanos que el pueblo griego, tendrán muchas dificultades para sacar adelante una nueva asistencia financiera (deben votar Alemania, Austria, Holanda, Eslovaquia y Estonia). La tercera, y última, continúa, "que se han roto tabúes de forma que la alternativa para las autoridades griegas simplemente no existe. No al menos dentro de la unión monetaria europea".
Así, la primera reacción de los analistas de Capital Economics es afirmar que "esto sólo retrasa lo inevitable. El enorme daño sufrido por la economía y el sistema financiero griego en esta crisis hace imposible imaginar que las condiciones volverán a la normalidad. Los controles de capital probablemente permanezcan y la austeridad adicional necesaria para alcanzar los objetivos de superávit marcados debilitará aún más a la economía".