Ya no sorprende oír a las organizaciones promocionar sus credenciales ESG, sobre todo en lo que respecta a sostenibilidad. Se ha convertido en parte del léxico corporativo y así es como debe ser. Tras la Cop26, para mantener el objetivo de que el calentamiento global se limitase a un aumento de 1,5 grados, muchas organizaciones empezaron a fijar objetivos de cero emisiones y a crear planes para cumplirlos. La Cop27 ha servido para mantener la atención centrada en esta medida crítica.
Lamentablemente, hay una desconexión permanente entre los esfuerzos de cara al público de una organización y su actuación interna. Pure Storage ha realizado recientemente una encuesta entre un grupo de directores internacionales de programas de sostenibilidad que ha revelado que, si bien el 70% de los participantes en el estudio se han comprometido a alcanzar unas emisiones netas de cero en 2030 o antes, solo el 51% de ellos va por el buen camino para cumplir sus objetivos de sostenibilidad.
Esta diferencia debe salvarse. Existe un gran entusiasmo y mucha predisposición para realizar un cambio, pero no está nada claro por dónde hay que empezar. ¿A dónde deben dirigir su atención los responsables de las organizaciones? Estos son los cinco ámbitos clave en los que hay que centrarse para lograr un cambio positivo y real.
1. Medirlo todo
Muchas organizaciones no están seguras de cuáles son sus costes o sus estadísticas de consumo de energía, por ejemplo, desconocen sus costes energéticos,de refrigeración o cuántos megavatios usan por hora. Algunos costes simplemente se aceptan sin cuantificarse. Esto no solo es una mala práctica empresarial, sino que además no ayuda a entender dónde se pueden introducir mejoras medioambientales. Si un directivo no obtiene una respuesta positiva de la empresa por implementar tecnologías que ahorren energía, ¿cómo hacer el seguimiento de esta mejora o celebrarla?
Se necesita una estrategia integrada y jerarquizada en sentido descendente para realizar esta medición. Aunque puede resultar difícil obtener una visión global, esta es necesaria para comprender los parámetros de referencia. Por ejemplo, en un centro de datos: ¿qué tecnologías contribuyen más a las emisiones de gases de efecto invernadero?, ¿cuánta energía se consume?, ¿qué impacto positivo pueden tener las distintas opciones tecnológicas? Si las actividades no se miden, no se pueden mejorar y los logros no pueden cuantificarse.
2. Eliminar los sistemas tradicionales
Una vez realizadas las mediciones, se verá con claridad cuáles son los puntos débiles y qué hay que hacer para mejorar el consumo energético y reducir las emisiones. Con frecuencia se dice que la reducción del consumo de energía no es posible debido a la existencia de unas tecnologías ineficientes e intensivas en carbono. Estas no solo frenan el progreso y la innovación, sino que además pueden impedir las mejoras en la reducción de las emisiones. Sin embargo, algunos cambios tecnológicos generan un ahorro de costes tan importante, en lo referente al consumo de energía, que este forma parte de la propuesta de valor de la implementación de una nueva infraestructura. Por ejemplo, Admiral, un cliente de Pure Storage del Reino Unido, ha visto como los costes de alimentación y refrigeración de su centro de datos se han reducido en un 74% y su consumo energético total en un 56% tras pasarse a Pure Storage. Un cliente italiano, Elmec, que presta servicios administrados, ha reducido la superficie que ocupa su centro de datos en un 85%, ha reducido a la mitad su consumo energético y ha logrado un retorno de la inversión más rápido gracias a la disminución de los costes del centro de datos.