Los Lakers ya no son propiedad de la familia Buss. El empresario Mark Walter ha cerrado la adquisición de la histórica franquicia por 10.000 millones de dólares, en una operación que confirma el atractivo financiero del deporte profesional.
Durante décadas, la familia Buss convirtió a los Lakers en una referencia tanto deportiva como empresarial. Ahora, la transacción marca un punto de inflexión en el valor de las franquicias, que han dejado de ser entidades locales para convertirse en marcas globales con peso propio en el mercado inversor.
El interés por este tipo de activos se ha intensificado en los últimos años, al calor de las cifras de audiencia, la diversificación de ingresos y la consolidación de nuevas plataformas digitales. Las franquicias más sólidas combinan derechos audiovisuales, acuerdos con patrocinadores internacionales, licencias comerciales, propiedad intelectual y fidelización de comunidades digitales.
«La venta de los Lakers evidencia la consolidación de las franquicias deportivas como activos de inversión de primer nivel», señala Rafael Méndez, experto en economía del deporte.
El deporte profesional ya no se entiende solo como espectáculo. Cada partido es una oportunidad de monetización, cada jugador es un generador de contenidos y cada licencia, un canal de distribución global. La gestión financiera de los clubes ha evolucionado hacia modelos propios de grandes corporaciones, con estructuras de inversión, márgenes controlados y retornos medibles.
