Ahorrar es una meta que la mayoría de las personas se ponen a lo largo de su vida laboral. Ahorrar permite tener un colchón financiero para dotar a las finanzas personales de estabilidad y tranquilidad. Pero, no siempre es suficiente debido al fenómeno económico conocido como inflación. Por eso, si el objetivo es llegar a la edad de jubilación con una salud financiera inmejorable la inversión se muestra como llave maestra para solventar los problemas que la inflación impone al dinero ahorrado a lo largo de los años.
El ahorro
Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en el segundo trimestre de 2018 – el último del que se tienen datos – la tasa de ahorro de los hogares e instituciones sin ánimo de lucro se colocó en el 12,5% de la renta disponible. Un dato que la sitúa en el nivel más bajo desde el mismo trimestre del año 2007. Además, se ha reducido en dos puntos porcentuales con respecto al mismo periodo de 2017. Todo ello a pesar de que la renta disponible bruta de los hogares se ha incrementado un 1,5% llegando a los 196.907 millones euros. Sin embargo, el gasto se ha situado en los 172.359 millones.
El indicador que mide el ahorro se situó muy cerca de la media de la zona euro en el año 2010, sin embargo, la tasa de ahorro de los hogares ha ido cayendo y se aleja mucho del 17,8% de los hogares alemanes, que son los más ahorradores. Aunque, contra todo pronóstico el informe Millennials Saving Report 2019 ha señalado que los jóvenes europeos de entre 20 y 35 años que más ahorran son los españoles con una media de 188 euros mensuales.
Librarse de la inflación
Una gran parte de las personas que consiguen ahorrar y almacenar una pequeña fortuna personal no se lanzan a dar el siguiente paso: invertir. Lo que sucede si no se da el segundo paso es que el fenómeno económico conocido como inflación comienza a minar el poder adquisitivo del dinero ahorrado. La inflación se entiende como el proceso económico provocado por el desequilibrio existente entre la producción y la demanda; causa una subida continuada de los precios de la mayor parte de los productos y servicios, y una pérdida del valor del dinero para poder adquirirlos o hacer uso de ellos.