En un momento de cambio de políticas en los mercados, recuperación post-covid, inserción de la sostenibilidad en nuestras inversores y democratización de los activos, se hace necesaria más que nunca la educación financiera. María Jesús Soto, presidenta de la fundación que lleva su nombre, experta en educación económica y financiera y autora de varios libros, entre ellos, “Cuidemos de nuestro planeta. Criterios ASG en inversión sostenible”, nos cuenta cómo una sociedad donde los ciudadanos fueran mejores administradores de sus recursos, sería más próspera para todos.
Ante la trayectoria profesional que cosecha, ¿cómo se podría definir la educación financiera?
Desde mi punto de vista, se puede decir que una persona tiene una educación financiera básica óptima cuando ha adquirido los conceptos, los valores y la experiencia que le ayudan en la toma de decisiones correctas en todos aquellos ámbitos que tienen implicaciones financieras en su vida.
La persona que únicamente tiene conocimientos, pero no los pone en práctica y no actúa dando importancia a los valores, para mÍ no tiene una verdadera educación financiera. La palabra “educación” añade a los conocimientos aspectos que van más allá de lo académico. Estos otros aspectos ayudan a la persona en la toma de decisiones financieras responsables desde una perspectiva globalizadora que incluye: práctica, autodominio, paciencia, análisis y pensamiento crítico, resiliencia frente lo adverso, variables que se suman a su saber y que le permiten valorar diferentes opciones de manera más consciente, responsable y óptima.