Alberto Granados: «En IA siempre tiene que estar el responsable de negocio»

Alberto Granados analiza la IA como un cambio de paradigma que transforma el trabajo, la empresa y su impacto en la sociedad.
Alberto Granados, presidente de Forética Alberto Granados, presidente de Forética
Alberto Granados, presidente de Forética :: Alberto Granados

La inteligencia artificial ya no puede entenderse como una tecnología más, sino como un cambio de paradigma que está redefiniendo la forma de trabajar, aprender y generar valor.

Alberto Granados, presidente de Forética y miembro del equipo directivo de Microsoft EMEA, analiza el impacto real de la IA en la empresa, la sociedad y la sostenibilidad, más allá del ruido mediático, los proyectos piloto sin recorrido y los enfoques puramente técnicos.

TOFF.- ¿En qué momento fuiste consciente de que la inteligencia artificial no era una herramienta más, sino que suponía un cambio de paradigma?

AG.- Yo creo que el lanzamiento de GPT en el mercado, la irrupción de la IA generativa alrededor de 2023, y el hecho de que en pocas semanas fuese la tecnología con mayor adopción de la historia de la humanidad. Alcanzó los 100 millones de usuarios en tres semanas.

Para ponerlo en perspectiva, Internet tardó siete años y la telefonía móvil tardó 16. Estamos hablando de un nivel de adopción jamás visto.

Esa adopción fue el primer síntoma: una tecnología que llega a un nivel de granularidad muy alto a nivel de usuarios. El segundo factor fundamental fue darnos cuenta de que la IA iba a recortar muchas tareas y, por tanto, reinventar muchos puestos de trabajo. Y el tercer síntoma es que muchas actividades ya han sido superadas por la IA en capacidades humanas, desde analizar imágenes médicas hasta responder de forma más eficaz que nosotros a determinados test de ingreso universitario.

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Tenemos que empezar a pensar en la IA no tanto como una herramienta tecnológica, sino como un cambio epistemológico: cómo vamos a aprender de manera distinta. Ya no se trata de usarla como una hoja de Excel, sino de que, si la IA puede hacer muchas cosas que antes hacíamos nosotros, cómo vamos a aprender a hacer otras en las que realmente aportemos valor.

TOFF.- Y desde una perspectiva personal, ¿qué es lo que más te entusiasma hoy de la IA y qué es lo que más te preocupa?

AG.- Desde el punto de vista personal, me entusiasma que sea capaz de retarme intelectualmente y, por tanto, aumentar mi impacto porque me hace pensar mejor. Me muestra ángulos muertos, información que quizá no conocía. La síntesis de la información es uno de los bienes más preciados que hemos tenido nunca. Que la IA te dé conocimiento y tiempo en poco tiempo es fantástico.

Lo que me preocupa es el uso indebido de la IA, no tanto por cómo la use yo, sino por lo que veo a mi alrededor: gente que no la cuestiona. Siempre digo que el primer borrador y el último deben ser tuyos.

Hay personas, sobre todo jóvenes, que no están filtrando ni creando un juicio propio, y no estamos desarrollando los skills necesarios para usarla adecuadamente. La IA requiere mucha más educación y formación de lo que pensamos para desarrollar criterio, espíritu crítico y empatía, que son habilidades que no habíamos necesitados tanto con otras tecnologías.

Alberto Granados es presidente de Forética :: Alberto Granados

TOFF.- En el ámbito empresarial, ¿crees que los empresarios españoles están entendiendo la inteligencia artificial como una oportunidad o la ven como una cuestión técnica? ¿La usan o la adoptan?

AG.- Hemos cometido muchos errores en la adopción de la IA. El primero ha sido adoptarla por adoptarla, por miedo a quedarse atrás, lo que ha generado pilotos que no han pasado a producción, mucha frustración y ningún impacto. El segundo error ha sido pensar que era una tecnología más.

Lo primero que hay que elegir es el caso de negocio al que se quiere aplicar. Más que desplegar, hay que reinventar. Hay que cuestionar cómo se estaban haciendo los procesos de negocio, y ahí es donde se están viendo los mayores impactos.

Creo que esto sigue siendo minoritario entre los empresarios españoles. Vemos usos más básicos, como resúmenes de reuniones o generación más rápida de documentos. Pero si todas las empresas usan la misma tecnología de la misma manera, se acomoda la innovación y nadie se diferencia.

TOFF.- ¿Cuál dirías que es el principal reto para que la IA genere valor real y no se quede en proyectos piloto?

AG.- La clave está en seleccionar los casos de uso. Lo primero es hacer un inventario y una reflexión profunda sobre cuál es el problema real de la empresa, qué quiere resolver y cómo lo va a medir. Al mismo tiempo, la propia IA puede generar nuevos KPI o Smart KPI que te ayuden a redefinir cómo mides el éxito.

TOFF.- ¿Crees que estamos preparados para competir en la economía de la inteligencia artificial o nos estamos quedando en simples usuarios?

AG.- España ocupa una posición privilegiada: sexta en uso de IA entre adultos, con una penetración cercana al 39%. Tenemos aspectos positivos, como la adopción en población adulta y organizaciones que promueven su uso, como IndesIA, donde grandes compañías comparten casos de uso con pymes, que son la gran asignatura pendiente.

Nos falta un enfoque holístico desde el punto de vista educativo, con programas desde los 12 o 13 años para aprender a usar la IA de manera responsable. También su aplicación en sectores críticos como la sanidad, para reducir listas de espera o mejorar la experiencia del paciente. Regular no es malo, pero sí lo es que nos retrase.

TOFF.- ¿Qué significa el despliegue de la inteligencia artificial a gran escala en sectores como sanidad, educación o administración pública?

AG.- Significa un cambio epistemológico. Ya no se trata de memorizar, sino de aplicar un punto de vista propio. El World Economic Forum señalaba que para 2030 la memorización básica o la programación serán menos necesarias, mientras que el pensamiento crítico, la capacidad de análisis y la empatía serán clave.

En sanidad, por ejemplo, me gustaría poder enviar una foto de una mancha y que un asistente médico controlado me diga qué es. Hoy estos casos están muy regulados en Europa y somos extremadamente cautos.

No puede ser que las decisiones legislativas se midan en años cuando la velocidad de la IA se mide en semanas. La regulación es necesaria, pero su aplicación técnica se ha vuelto muy compleja, especialmente para las pymes.

Alberto Granados aboga por un enfoque de la IA holístico :: Alberto Granados

TOFF.- Desde Forética, ¿cómo estáis encajando la inteligencia artificial en la agenda de sostenibilidad ESG?

AG.- Es claramente un acelerador. Publicamos el Manifiesto de Forética, suscrito por más de 80 compañías. Los principios van desde alinear el uso de la IA con la reducción de emisiones —incluyendo centros de datos que minimicen el uso de agua— hasta aplicarla a la recuperación de la naturaleza, además de promover un uso ético, lícito y transparente.

También integrar la IA con inclusión y diversidad. En Ilunion, por ejemplo, aplicaron IA generativa en el área legal y ahorraron unas 7.000 horas, facilitando que abogados con discapacidad se integraran más rápido. Y, por último, el buen gobierno. La IA va a ayudarnos a reducir emisiones, sin duda.

TOFF.- ¿La IA puede amplificar desigualdades sociales, laborales o territoriales si no se aplican estos criterios?

AG.- Sin duda. Tiene que estar gobernada y regulada para evitar discriminaciones encubiertas basadas en datos con sesgos del pasado. Eso tiene solución técnica, como el uso de datos sintéticos o técnicas adversarias para controlar su comportamiento.

TOFF.- ¿Qué indicadores deberíamos mirar para medir un impacto positivo más allá del ruido mediático?

AG.- La generación de empleo es clave. Hay un déficit de profesionales con conocimientos de IA en perfiles como derecho, economía o marketing. La IA no va a destruir empleo, va a destruir tareas. El segundo indicador son los programas de reskilling. Compañías como Ferrovial, Repsol, Iberdrola o Santander ya los están desarrollando.

El ser humano no está preparado para tener tiempo libre. Cuando la tecnología te devuelve cinco o siete horas semanales de tareas mecánicas, surge la pregunta de cómo añadir valor. Por eso en un proyecto de IA siempre tiene que estar el responsable de negocio, porque es quien debe saber qué hacer con el tiempo que la IA devuelve. La IA no está aquí para optimizar, está para innovar.

TOFF. Para terminar, ¿qué le dirías a la sociedad para diluir el miedo y qué te gustaría encontrar en los proyectos del jurado?

AG.- Todo pasa por formación e información veraz para combatir fake news y sensacionalismo. Hay que ser factual y basarse en datos científicos. Nada es perfecto, pero la IA permite mejoras y reducciones significativas.

En los proyectos me gustaría ver impacto real y medible. No casos espectaculares, sino pragmatismo: ayudar a personas mayores a no sentirse solas o detectar enfermedades. Mi pregunta siempre será la misma: cómo se va a medir y cuál es el impacto esperado.

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