Encaramos este segundo trimestre de 2016 con las mismas circunstancias de incertidumbre que arrastrábamos a finales del año pasado y comienzos del presente.
Los datos macroeconómicos no son lo suficientemente buenos como para llegar a pensar en un crecimiento económico sólido, que en términos globales nos devolvería la confianza para la búsqueda de nuevos máximos. Las últimas actuaciones de los bancos centrales no han surtido el efecto deseado, aunque sí que han generado un punto de optimismo que era necesario para abandonar los últimos mínimos que marcamos en el mes de febrero.
Como en todos los movimientos que se dan en el mercado hay activos que lo hacen mejor que otros y para no variar sigue siendo el mercado norteamericano el que no sólo tiene un mejor comportamiento en las caídas, sino el que acompaña con mayor contundencia las subidas del mercado.
Aquí, en Europa, parece que la poca credibilidad que genera el BCE viene más por un mal planteamiento estructural, que por la cantidad de medidas que se tomaron parecieran insuficientes para el mercado y más cuando Draghi no se cansa de repetir que "sus posibilidades de actuación son infinitas".
El calendario de actuaciones y las actuaciones en sí, a la hora de hacer un cambio de una política expansiva a una restrictiva, ha sido mucho más acertadas por parte de la FED.
Bien es cierto que el BCE está en otro planteamiento económico pero, en la última reunión del BCE los mercados dejaron entrever que la gasolina adicional que podía tener Draghi en su hangar de emergencia se pudo volatilizar.