Las nuevas oficinas de Coca-Cola en Madrid nacen con un desafío enorme: estar a la altura de una marca que lleva más de un siglo asociada a la felicidad, la frescura y la celebración.
El resultado es un espacio que no se parece a ninguna otra sede corporativa, donde cada detalle transmite personalidad y emoción.

La recepción lo deja claro desde el primer paso. En lugar de un mostrador, los visitantes se encuentran con una gran mesa de comedor.
Aquí no hay barreras ni protocolos, solo el gesto hospitalario de recibir como invitados a quienes llegan. Incluso se ha creado una pequeña oficina junto a la entrada donde tomar un refresco mientras se espera: un gesto sencillo pero muy «Coca-Cola».

A partir de ahí, los espacios se despliegan como un recorrido lleno de sorpresas. Grandes estructuras se convierten en puntos de encuentro, mientras que una grada multifuncional guarda libros que cualquiera puede llevarse a casa.


