Hay sabores que no necesitan explicación. Sabores que, al probarlos, lo dicen todo. Así es el sabor de Aragón. No necesita adornos. Solo hace falta un bocado para saber que estás ante algo auténtico, con alma, con origen. Esa es la esencia de la nueva campaña del Gobierno de Aragón: «Aragón, sabor de verdad». Una declaración de intenciones. Una llamada directa al paladar y al corazón.
Una cereza recién cogida, con la piel tersa y el jugo dulce y ácido que explota en la boca. Ternasco tierno, asado lentamente hasta que el hueso se separa solo. Un plato de borraja, donde el sabor limpio y vegetal te conecta con la huerta y el mimo de quien la cultiva.
La campaña no es un lema, es toda una experiencia. Una invitación a probar Aragón con los cinco sentidos. A mirar una trenza de hojaldre brillante y sentir el aroma del azúcar tostado. A romper un trozo de longaniza y notar el perfume de la canela, la nuez moscada y la pimienta, la carne bien curada. A llevarse a los labios una copa de vino que cuenta la historia del viñedo, del sol que lo ha madurado, del tiempo que ha tardado en ser lo que es.
«Aragón, sabor de verdad» estrena imagen, con palabras más cercanas, con nuevos formatos, pero el mensaje es el mismo de siempre: aquí no se finge. Aquí se cultiva, se cría, se amasa, se fermenta. Se elabora a fuego lento. Aquí los sabores no se inventan, se heredan.
La trufa que embriaga y transforma cualquier plato. La cebolla que se deshace al pocharla. El pan cocido en horno de leña que cruje por fuera y se deshace por dentro. El tomate que sabe, de verdad, a tomate. El aceite que huele a olivo, a sol y a campo. El melocotón que te perfuma los dedos antes de morderlo.
