Subasta de letras del Tesoro en dólares y pesos, adelanto de fondos del FMI, revaluación de gastos de infraestructura, intervención del Banco Central en la plaza financiera. Tales han sido algunas de las medidas del gobierno de Mauricio Macri, durante la segunda mitad de agosto, para minimizar los daños que la volatilidad global infligió a sus planes de reestructuración nacional.
Devaluación de más del 65% del peso (moneda local) desde enero, déficit fiscal de 4% del PBI, inflación interanual de 31%, caída de la proyección de crecimiento de 3% a -1% este año y los fantasmas de la cesación de pagos de 2001 son los ingredientes más picantes del caldo de “incertidumbre” que se cocina en el país sudamericano.
Por si ello fuera poco, un escándalo de peculado de proporciones brasileñas viene enervando a la población, cada vez con menos empleo y menos capacidad de consumo, en una espiral de descontento cuyos efectos trascienden fronteras: las acciones de empresas argentinas se hundieron más del 10% este miércoles (29) en Wall Street.
Línea de frente
Ante tal escenario, el presidente Mauricio Macri (centro-derecha) se puso en primera línea este miércoles (29), cuando le dijo a la Nación que “garantizar el financiamiento para 2019 nos va a permitir fortalecer la confianza y retomar el sendero de crecimiento lo antes posible”. Horas después de su alocución, el peso se devaluó 7,5%.