Todo apunta a que el Banco Central Europeo más pronto que tarde subirá los tipos de interés en la eurozona. Y se espera que ese incremento sea moderado y progresivo para combatir la inflación en un equilibrio para conseguir que no afecte sobremanera al crecimiento. Pero ese cambio drástico frente a lo que hemos vivido en los países de la moneda única hasta ahora, traerá consecuencias. Estos son los factores que pueden variar para las familias y las empresas.
Aunque mucho más tarde que los bancos centrales de Estados Unidos y del Reino Unido, la FED y el BoE, el Banco Central Europeo va a comenzar a subir lo que se conoce popularmente como “el precio del dinero”, es decir, los tipos de interés en la eurozona. Y ese hecho traerá consigo, en primer término, un cambio de sesgo frente a lo que había imperado en los últimos años: tipos de interés en negativo, algo no inusual, pero que se ha mantenido en los malos tiempos económicos que hemos vivido por las circunstancias financieras.
Ahora, sobre todo por el efecto pernicioso que la inflación está marcando en nuestra economía, comenzarán a subir en la eurozona para contrarrestar esos más que elevados precios que no habíamos visto en unos 40 años. Ese hecho, tiene consecuencias negativas, aunque también alguna positiva para los hogares y las compañías.
Efecto valorables en la subida de tipo
Vamos primero con el vaso medio lleno porque no todo va a ser negativo, como esperamos. La subida de los tipos de interés potenciará, en un efecto contrario a lo que estamos viendo en el dólar, la fortaleza del euro. Nada está escrito en piedra, con lo que el incremento de las tasas, a uno y otro lado del Atlántico, puede equilibrar ambas divisas, pero lo normal es que el euro se beneficie, desde los bajos niveles en los que se encuentra. Ese hecho tendrá una doble vía. La positiva es que, con un euro fuerte, lo que compramos del exterior, especialmente en dólares, nos saldrá más barato.
Seguro que ya han caído en que la energía, gas y petróleo, que se “come” buena parte de nuestras compras al exterior se paga en dólares, con lo que, en teoría, deberíamos pagar menos por ellos en los mercados internacionales. También cualquier producto o servicio que no venga de la eurozona.