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Cambiar de CEO no es solo un cambio de firma en los correos. Es una operación a corazón abierto en la cultura, estrategia y narrativa pública de una compañía. Y no, no se improvisa. Un relevo bien hecho se cocina a fuego lento y con método.
Relevo preparado
Las grandes empresas lo saben: si el liderazgo se tambalea, el mercado lo nota. Por eso los relevos se trabajan desde dentro, con una mezcla de planificación fría y entrenamiento real. Tres casos lo explican con claridad: cuando el cambio se prepara bien, se convierte en una ventaja competitiva.
JPMorgan: el liderazgo como plan a largo plazo
Jamie Dimon sigue al frente, pero no para siempre. JPMorgan lleva años diseñando el relevo como si fuera una estrategia de inversión. La clave: construir un banco de talento interno tan fuerte como sus activos financieros.

Nombres como Marianne Lake o Jennifer Piepszak no aparecieron de la nada. Han rotado por áreas clave y han sido expuestas al escrutinio público, como si cada paso fuera parte de una audición ejecutiva.
Además, la entidad cuenta con un plan de emergencia preparado para activarse en caso de imprevistos. Cuando tu CEO se opera del corazón —como ocurrió con Dimon en 2020— no puedes permitirte una pausa operativa.


