El primer gran problema que España genera a Europa es la inestabilidad política. El futuro Ejecutivo a corto plazo debe consolidar la recuperación económica y la creación de empleo. En los últimos años España se ha descarriado en cuanto a las demandas económicas de la UE. El equipo de Mariano Rajoy se había comprometido a situar el déficit en el 4,2% del PIB y al final se disparó hasta el 5%, un desajuste de casi 10.000 millones de euros.
La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIRef) prevé por su parte que el déficit para este año oscile entre el 4,1% y el 4,7%, muy por encima de los objetivos marcados desde Bruselas al Gobierno. En el peor de los escenarios la desviación podría alcanzar los 10.000 millones. Detrás de este desequilibrio se encuentra una menor inflación a la prevista, la rebaja fiscal de Montoro y el descontrol del gasto en las Comunidades Autónomas.
Por ello, el culebrón de la multa por el incumplimiento del déficit en 2015 entra en un nuevo episodio al confirmar la Autoridad Fiscal que el objetivo para este ejercicio se desviará cerca de un punto. El Ejecutivo comunitario estaría dispuesto a conceder un año extra para reducir el déficit por debajo del 3% a cambio de que la sanción no sea cero.
Portugal
En Portugal, el nuevo gobierno socialista ha tenido que limar varios de aspectos del nuevo presupuesto propuesto para este 2016. La Comisión Europea ya expresó sus dudas sobre el borrador presentado, y Portugal ha tenido que tomar nuevas medidas fiscales para que Bruselas dé su aprobación a los presupuestos.