Durante años, muchas marcas digitales apostaron por colores intensos y eléctricos para diferenciarse. Amarillos, verdes ácidos o degradados energéticos dominaron fintechs, apps y plataformas de pago.
El movimiento reciente de Bolt apunta justo en la dirección contraria: del amarillo al azul. No como paso atrás. Como decisión estratégica.

Del impacto al sistema
Bolt utilizó el amarillo como color protagonista para ganar visibilidad en un mercado saturado. Funcionó. Pero ese mismo impacto empezó a jugar en contra cuando la marca necesitó orden, escalabilidad y coherencia global.
Este rebranding se interpreta como un ajuste de madurez: el azul reaparece no como cliché, sino como lenguaje estructural, más compatible con producto, interfaz y crecimiento a largo plazo.

El azul como infraestructura visual
El cambio se lee con claridad: Bolt no busca sorprender, busca funcionar mejor. El azul permite construir un sistema visual más estable, menos dependiente del impacto inmediato y más alineado con confianza, fiabilidad y uso cotidiano.



