Admito que no me gusta el título que he elegido para esta nota. De entrada, porque la banca no tiene nada que ver. Y tampoco me parece apropiado relacionarla con la sombra. Pero, por otro lado, es un término tan difundido que te ahorras tiempo en explicaciones. Y el tiempo es muy valioso, siempre.
Hay opiniones para todos gustos sobre el desarrollo de la financiación no bancaria para las empresas. Algunos lo ven positivo, tanto en términos de diversificación de fuentes de financiación y para reducir los costes. Otros se muestran mucho más inquietos. Los primeros, naturalmente, priman las condiciones financieras. Los segundos temen el riesgo de excesos, bajo unas condiciones financieras demasiado expansivas y ante una deuda acumulada lejos de estar ajustada. Probablemente, la posición intermedia sea la correcta.
Así, sin duda el exceso de dependencia de la financiación bancaria previo a la crisis (estimada en más del 85% del total) ha sido un factor de debilidad para superarla. Por otro lado, el FMI y el BIS, también de forma reciente el BM, han advertido sobre los riesgos excesivos que entrañan los mercados con precios de los activos en niveles altos históricos y exceso de posicionamiento de los inversores. El elevado control que aplican las autoridades internacionales sobre la banca contrasta con la escasa información que se tiene sobre la "banca en la sombra". No hablo de supervisión, simplemente de información.
En su último Informe Mensual, el BCE se embarca en el objetivo de tratar de valorar precisamente la importancia de esta fuente de financiación para las empresas europeas, especialmente en aquellas de pequeño y mediano tamaño.
Merece la pena verlo con calma…