Ana Botín, presidenta del Banco Santander, rechaza una y otra vez las preguntas de la prensa acerca de si su entidad va a expandirse aún más a través de compras de otros bancos. Esta cuestión genera un gran interés entre los periodistas, sea por descubrir una noticia de alcance o porque este tipo de movimientos empresariales destapan intrigas que pueden compararse a las que se publican en las revistas del corazón, salvando las distancias.
Pero, ¿por qué son interesantes las fusiones para las empresas y, en especial, para los bancos? ¿Por qué querría un banco unirse con otro? El motivo se ha escuchado en los recientes matrimonios anunciados durante los últimos meses: eficiencia. En un momento como este las entidades financieras tratan de protegerse ante un contexto en el que la rentabilidad es limitada, tanto por la crisis económica como por los tipos de interés en negativo.
Tener un mayor tamaño implica que se pueden gestionar más activos y que esa escala sirva para consumir menos recursos. Por eso, ni Botín ni su equipo creen que el Banco Santander tenga que unirse a nadie para mejorar su eficiencia y su rentabilidad. La forma de conseguir ese objetivo consiste en invertir en tecnología, de modo que sus procesos mejoren y puedan ofrecer más servicios a sus clientes.
Así que la inversión del grupo financiero se centra en la participación en fintech, nuevas empresas tecnológicas que pueden aportar sus conocimientos a un gigante como es el mayor banco español en activos. Los movimientos del Santander demuestran esa determinación, con el lanzamiento de Mouro Capital en sustitución de Santander Innoventures, un fondo con la capacidad de invertir 400 millones de dólares en startups de tecnología financiera.
Mouro Capital acumula hasta 35 inversiones distintas en empresas de todo el mundo, todas ellas destinadas a ofrecer un valor añadido a la industria bancaria. La intencionalidad es doble: implementar la tecnología de estas fintech dentro de la mecánica del Santander; e impulsar el crecimiento de estas empresas.