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El anuncio de la alianza estratégica entre BBVA y OpenAI se presentó como un salto cualitativo en eficiencia, productividad e innovación bancaria.
Bajo esa narrativa tecnológica emerge un debate de mayor calado: qué implica este acuerdo para la soberanía digital europea y quién controla, de facto, los datos financieros de millones de ciudadanos.

El banco habla de transformación, automatización y nuevas capacidades internas. El problema no es el uso de inteligencia artificial, sino la dependencia estructural de una infraestructura tecnológica situada fuera del marco jurídico europeo.
La dependencia tecnológica europea
«Europa jamás ha tenido control sobre su futuro digital», afirma Fernando Cocho, analista de inteligencia. «Existe una dependencia tecnológica histórica de la anglosfera, de Israel y de otros países en sectores estratégicos como el bancario».
La alianza BBVA–OpenAI no rompe esa dinámica. La consolida. Y lo hace en uno de los ámbitos más sensibles: la información financiera, los patrones de comportamiento económico y la capacidad de anticipación sobre empresas, ciudadanos y Estados.


