El euro ha pasado, en los últimos cinco meses, de cotizar cerca de 1,40 dólares por euro a los actuales 1,26. ¿Por qué? ¿A quién beneficia este movimiento? Las principales razones que, según la teoría económica, determinan la evolución de las divisas a largo plazo son la balanza por cuenta corriente, la inflación y los tipos de interés. A mayor diferencia entre el saldo exportador e importador de un país o área económica, a menor inflación (que favorece lo anterior por favorecer la exportación) y a mayores tipos de interés, más razones para que una moneda se aprecie o "encarezca" (lo que podríamos explicar como fruto de la mayor demanda en esa divisa para adquirir bienes, servicios o activos financieros).
Estos factores y en particular el diferencial de inflación pueden explicar la depreciación experimentada por las divisas emergentes en las últimas décadas (por ej. el real brasileño y el peso mejicano se ha depreciado entre un 60% y 40% frente al dólar en las dos últimas décadas, sus inflaciones han sido también incomparablemente superiores a la de EE.UU.). El superávit comercial puede también ayudar a explicar la fortaleza de yen. Pero estas razones no son en absoluto causa suficiente para las fuertes oscilaciones del euro frente al dólar a lo largo de su historia (entre 0,85 y 1,60 dólares por euro desde 1999), ni tampoco para la reciente bajada del euro.
La zona euro tiene superávit por cuenta corriente frente al déficit estadounidense e inflación ligeramente más baja que la norteamericana, pero ambas variables vienen siendo una constante a lo largo de los últimos quince años, lo que no ha evitado un amplísimo rango de tipos de cambio del euro frente al dólar. En cuanto a los tipos de interés, los del área euro son similares aunque algo inferiores a los americanos tanto en el plazo corto como en el largo. Las cuentas públicas, tanto déficit como deuda, indicadores indirectos del peligro de inflación, no difieren de forma sustancial entre las áreas económicas de ambas orillas del Atlántico. Así que por ahí tampoco tenemos grandes indicaciones sobre las que apoyar una tesis de evolución del tipo de cambio.
Y, sin embargo, el euro cotizaba sensiblemente por encima de lo razonable hace unos meses, y ahora cotiza en niveles cercanos al "equilibrio". Los casi 1,40 $/€ del mes de mayo eran un 20% superiores a la estudiada cotización del euro en su nacimiento y un 17% por encima de lo que el consenso del mercado estima como "paridad de poder de compra" (los 1,20 $/€ que harían que el sueldo de un francés, un alemán y un norteamericano sean bastante parecidos, como corresponde a países parecidos de ricos). En cambio los 1,26 $/€ actuales son muy cercanos a ese nivel y al cambio de 1,25 que obtendríamos tomando el nivel de partida del euro frente al dólar (los 1,17 dólares por euro de 1999) y ajustándolo por los diferenciales de inflación de ambas economías desde 1999, un 7% (de mayor inflación en EE.UU. que en el área euro).
Es cierto que los flujos de dinero o las políticas monetarias pueden modular el equilibrio entre las divisas, tendiendo a producir apreciación (las entradas de dinero) o depreciación (las salidas de dinero, o la política monetaria expansiva, anticipadora de inflación futura), pero no parecen razones suficientes: por ejemplo, la entrada dinero en el área euro este año con objetivo de invertir (por ejemplo, en España) o de comprar deuda pública (por ejemplo, de los países periféricos una vez finalizado el cuestionamiento del euro) podrían justificar una subida del euro, pero también las bolsas norteamericanas, acciones y bonos, han recibido a su vez muchas entradas de dinero. De igual modo, el proceso anunciado de paulatina subida de tipos de interés en EE.UU. frente al previsible mantenimiento de tipos bajos en Europa durante largo tiempo juega a favor de la depreciación del euro frente al dólar, pero ya lo anticipábamos desde hace tiempo.