Hasta hace poco las contraseñas eran la fórmula más segura de identificar a un usuario. Sin embargo, con el paso del tiempo y el auge de los ciberataques, este sistema se está volviendo cada vez más vulnerable. Por ello, empresas de todo el mundo están dejando a un lado métodos de autenticación menos fiables y, de forma paralela, están comenzando a migrar hacia sistemas biométricos que les permitan detectar este tipo de fraude con mayor eficacia. En la actualidad, esta herramienta se está convirtiendo en una vía capaz de implementar soluciones dirigidas a diferentes sectores, así como a las operaciones diarias desarrolladas por las organizaciones a través de la verificación de diferentes rasgos tangibles de las personas.
Unido a su evolución dentro de las compañías, el crecimiento de este mercado es exponencial. Según datos de Statista, las tecnologías biométricas crecerán de forma continuada hasta alcanzar los 55.420 millones de dólares en 2027 y, de cara a los próximos años se espera que cada vez más empresas incorporen esta tecnología con el fin de mejorar sus identificaciones, tanto para los clientes como para los empleados que trabajen en remoto.
Para entender el potencial de la biometría primero es importante conocer algunas de las situaciones que se producen de forma más habitual. “La suplantación de identidad ya sea de una persona física o jurídica sucede cuando un atacante obtiene información personal y la utiliza para obtener algún beneficio, como puede ser la sustracción del saldo de cuentas bancarias, la compra online, la publicación de contenido perjudicial en nombre del afectado o la obtención de préstamos bancarios”, explica el director General de Serban Biometrics, Juan Pablo Yagüe.
El director General de Serban Biometrics, Juan Pablo Yagüe
Principales ciberataques
Según describe el experto, entre las técnicas más comunes se encuentran el fraude del CEO, en el que los ciberdelincuentes “suplantan la identidad de un alto cargo de la compañía con el propósito ode engañar a los empleados para que efectúen órdenes de pago fraudulentas” o el fraude de facturas, una técnica en la que los atacantes “estudian a las empresas con el objetivo de descubrir las relaciones que mantienen con sus proveedores para suplantar su identidad y solicitarle un nuevo procedimient de pago”. Además, también destacan otras más habituales como el phishing, un método que consiste en “el envío de un email por parte de un ciberdelincuente a un usuario, simulando ser una entidad legítima con el objetivo de robarle información privada, realizarle un cargo económico o infectar el dispositivo” o el pharming, un formato que “envía a los usuarios a un sitio web fraudulento cuyo aspecto es el mismo que el del sitio web legítimo”.
