Con la Feria Internacional de Turismo (FITUR) como telón de fondo de la esperada recuperación de este sector, el bioturismo se erige como una actividad económica respetuosa con el entorno, y cuyo objetivo es contribuir al desarrollo de medios rurales y naturales a través de la conservación del paisaje, las tradiciones o la cultura. En otras palabras, se basa en la generación de experiencias que pongan en valor todos estos elementos.
En España, este tipo de proyectos que buscan integrar al visitante y hacerle partícipe para que pueda contribuir a la conservación de la naturaleza todavía se encuentran en una fase incipiente. Algunos de los territorios aventajados son Andalucía, Cataluña, Castilla-La Mancha o Asturias. Y, en relación con este último, destacan algunos lugares como el Parque Nacional de Los Picos de Europa o diferentes proyectos de conservación como, por ejemplo, uno vinculado a la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos que trabaja con este tipo de aves.
Así las cosas, para lograr involucrar al turista en la conservación y desarrollo del entorno, desde la Función Global Nature, su directora Técnica, Amanda del Río, explica a DIRIGENTES que existen dos caminos. Desde un punto de vista económico es posible alcanzar este fin a través de las experiencias de Paradores, en las que parte del dinero que una persona destina cuando visita una experiencia se devuelve a la conservación. Mientras que, por otro lado, propone concienciar al turista, de forma que entienda que mediante el consumo de determinados productos se contribuye al mantenimiento de determinadas formas de vida vinculadas a la agricultura, la ganadería o el pastoreo, entre otras.
Siguiendo el ejemplo asturiano, del Río expone el caso del Queso de los Beyos, ubicado dentro del Parque Natural de Ponga. “Este producto tiene un montón de historia y está vinculado al paisaje del desfiladero donde se produce. Es una forma de ganadería muy tradicional y bastante difícil por su orografía”, comenta. En este sentido, la experiencia consiste en que los visitantes conozcan el territorio y las características de la producción, aunque luego depende de cada uno decidir comprarlo, llevarlo a casa y dar a conocer este producto a sus familiares y amigos. De esta forma, otra de las esencias del bioturismo queda constatada al tratar de generar un retorno económico a la población que permite mantener y conservar estos entornos y sus tradiciones.
