El cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas resulta determinante no solo para el desarrollo humano, sino también para crear las condiciones económicas y sociales adecuadas para alcanzar prosperidad a largo plazo.
BMO usa los ODS como marco de referencia para su activismo accionarial y colabora cada vez más con otros inversores y responsables políticos para establecer marcos de sostenibilidad sólidos. Su enfoque continuará abarcando todo el espectro de los ASG. Aunque la crisis climática es una prioridad urgente, seguirá abogando por un enfoque más sistemático en la gestión y la divulgación de las cuestiones sociales, sobre todo ahora que la pandemia de COVID-19 ha subrayado su importancia crítica tanto para las empresas como para la sociedad.
Trabajar juntos por un cambio sistémico
Un importante cambio de perspectiva que BMO ha empezado a apreciar, y que espera que se acelere en la próxima década, tiene que ver con dejar de considerar la administración responsable como la relación entre inversores y empresas individuales para adoptar una visión más holística en el desarrollo del mercado y de la economía en su conjunto. Quizás el cambio climático sea el ejemplo más obvio de un riesgo sistémico que los inversores pueden ayudar a resolver, pero no es el único. Algunas cuestiones críticas como la salud de los océanos, la biodiversidad y la salud pública no pueden abordarse únicamente mediante el diálogo con las empresas.
Medir el impacto
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), desarrollados por las Naciones Unidas (ONU), son un punto de referencia clave que BMO Global Asset Management y otros inversores están usando para intentar medir el impacto. Los ODS establecen 17 objetivos, con 169 metas e indicadores de rendimiento (KPI) asociados, para lograr un futuro más sostenible en 2030.
Inversores del mundo, adelante
Aunque el activismo accionarial con empresas de Asia y otros mercados emergentes ha aumentado en la última década, este movimiento ha sido liderado casi en exclusiva por inversores de mercados desarrollados, principalmente de Europa y EE. UU. De todos modos, en los últimos cinco años, códigos de administración responsable e iniciativas similares han proliferado en toda Asia. Japón, Hong Kong, Singapur, Corea del Sur, Taiwán, Malasia y Tailandia han adoptado este tipo de códigos.