Después de que Theresa May sobreviviera por un estrecho margen a una moción de confianza, ahora se encuentra en la compleja situación de tomar una de las decisiones más importantes para su país. Para tener éxito, no puede alcanzar un acuerdo que suscite el rechazo de los partidarios de la permanencia en la UE o de aquellos que abogan por abandonarla.
Su Gobierno ha rechazado posponer la fecha límite del brexit, lo que deja un reducido margen de maniobra para tratar de negociar un acuerdo con la UE como, por ejemplo, una unión aduanera. Además, la frontera con Irlanda sigue constituyendo una cuestión espinosa, y la primera ministra depende del apoyo del Partido Unionista Democrático en este asunto. En esta compleja coyuntura todas las posibilidades están sobre la mesa, incluida la de que los acontecimientos descarrillen y se produzca un brexit «duro», según analizan desde Nordea AM.
¿Qué consecuencias imprevistas tiene un brexit «duro»?
El Reino Unido ya ha comenzado a acumular provisiones para hacer frente a la posibilidad de que se produzcan perturbaciones en la frontera. Estos preparativos se acentuarán mientras se mantenga la incertidumbre, lo que impulsará el consumo del Reino Unido, conllevará un aumento de las importaciones y deteriorará la balanza comercial. Podemos citar como ejemplo la industria farmacéutica: algunas compañías a ambos lados de la frontera han decidido actuar con prudencia y comenzar a recopilar provisiones en el marco de sus planes de contingencia.
El total de nuevos pedidos en el Reino Unido debería verse afectado en cierta medida, a pesar del ligero incremento registrado en la zona del euro.