Promociones, incentivos, subvenciones, reducciones fiscales… los incentivos se utilizan ampliamente para provocar cambios de comportamiento. Por ejemplo, varios países ofrecen incentivos para cambiar a vehículos eléctricos o pagos por servicios ecosistémicos (550 programas activos en todo el mundo, por valor de entre 36.000 y 42.000 millones de dólares).
Sin embargo, en un estudio reciente, destacamos la importancia de otra dimensión que a veces se olvida o se subestima: el timing. Nuestro principal argumento es que existen «ventanas de oportunidad» que pueden aprovecharse para aumentar considerablemente el poder de los incentivos.
Crear un efecto sorpresa
El efecto «buen momento» está vinculado en particular a la existencia de hitos temporales, es decir, acontecimientos regulares que marcan el paso del tiempo (inicio del año, bodas, nuevos empleos, jubilación, etc.). Algunos estudios han demostrado cómo las búsquedas en Google sobre el término dieta son más frecuentes después de ciertos hitos temporales que pueden favorecer la sensación de «nuevo comienzo». Cuando la fecha de un cambio está cerca de un marcador temporal, la resistencia disminuye.
El tiempo también podría ser un factor importante a la hora de centrarse en el impacto de los incentivos que se producen en un momento inesperado y aleatorio. En 2021, un directivo francés, Jean-Yves Glumineau, dio a sus 150 empleados una agradable sorpresa justo antes de Navidad. Anunció tanto su marcha como un regalo de 2.680.000 euros a los empleados para agradecerles su duro trabajo.
Los incentivos inesperados tienen un mayor impacto emocional que los incentivos esperados. Por ello, si las autoridades quisieran pedir a los contribuyentes que participen en determinadas inversiones sostenibles, podría ser conveniente que esta petición se produjera en un momento en el que los contribuyentes están recibiendo una bonificación, beneficiándose así del «estado de ánimo positivo» generado por el efecto sorpresa.
