El consejero delegado del Banco Santander, José Antonio Álvarez, ha salido en defensa de su compañía ante las pérdidas que registró durante el último año. En total fueron 8.711 millones de euros de pérdidas, después de provisionar 12.173 millones de euros a causa del coronavirus, amén de otros ajutes contables que requirieron las filiales de Estados Unidos y Reino Unido.
Álvarez ha tratado de evitar los recelos externos diciendo que, a pesar de las grandes pérdidas que ha sufrido el Santander, el crecimiento en actividades como los créditos y los depósitos ha sido elevado, de modo que el margen de intereses se ha mantenido estable con respecto al año pasado. Una vez hechas las aclaraciones técnicas, la presidenta, Ana Botín, se ha explayado para explicar los planes de la entidad durante este año.
Se felicita de que las provisiones que se han realizado durante el año pasado no han implicado perjudicar el capital. Dicho de otro modo, los ingresos han sido suficientes como para compensar las provisiones, en vista de que puedan acabar aplicándose por el empeoramiento de la situación económica.
Por otro lado, Botín descarta que el banco que preside vaya a formar parte del proceso de consolidación que algunos supervisores están exigiendo. «Tenemos mucha capacidad de crecimiento orgánico», expone Botín, quien afirma que la escala que tiene el banco ya hace posible obtener sinergias: «Es más que suficiente», subraya con respecto al tamaño del Santander.
Sin embargo, reconoce que sería prudente que el sector avanzara hacia una nueva ola de fusiones, más allá de la que creará el mayor banco en activos en España. «Una cosa es que no participemos y otra que no sea necesario», recalca Botín. Sin embargo, la dirigente rechaza que su banco vaya a participar en ninguna operación en España, donde ya acumula el 20% de la cuota de mercado en distintos segmentos. No obstante, adelanta que el negocio digital sí que interesa, por lo que esa puede ser una de las vías de crecimiento para la entidad.