En la mente de muchos brasileños y extranjeros se encuentra aún el viaje de retorno del Cristo del Corcovado, que tras ser proyectado como un cohete por la revista ‘The Economist’, volvía a su plataforma preguntándose si Brasil se había llevado un "porrazo" económico. Entre las dos portadas pasaron apenas cuatro años y un cambio de presidente. Del carismático Luíz Inácio Lula da Silva a la considerada delfín de éste y actual mandataria, Dilma Rousseff, primera mujer en llegar al Palacio del Planalto.
Y pese a que Rousseff acompañó de cerca la gestión de Lula (fue su jefa de gabinete) y al llegar al poder continuó con sus políticas económicas,algo ha cambiado en la economía brasileña, cuando los inversores extranjeros comienzan a desconfiar del antiguamente atractivo Brasil.
En marzo de 2013, el ministerio de Hacienda publicaba las previsiones económicas para dicho curso y aclaraba que "la economía brasileña comenzó 2013 con un ritmo de crecimiento más intenso, dando continuidad a la trayectoria de aceleración verificada a partir del segundo semestre de 2012". "A pesar de las dificultades que persisten en la economía internacional, la economía brasileña continúa creciendo gradualmente", subrayó entonces dicho informe de la Fazenda brasileña, quien hasta el momento no ha publicado las previsiones para 2014.
Pese a ello, el Banco Central informó en enero del presente curso de que Brasil acumuló en 2013 un superávit fiscal primario de 91.300 millones de reales (unos 30.00 millones de euros), equivalente al 1,9% del Producto Interior Bruto (PIB), el más bajo desde 2001. Asimismo, la inflación también cerró por encima de lo esperado.
No obstante, dentro del baile de datos positivos y negativos en el que se maneja el Gobierno de Rousseff, el PIB creció un 2,3% en 2013, dejando atrás los malos resultados de 2012 cuando dicho índice terminó en un bajo y pesimista 0,9%.