Brasil no tiene una situación económica privilegiada, pero se está convirtiendo en un país atractivo para los inversores. En el último trimestre el país latinoamericano consiguió evitar la recesión, que se produce cuando se encadenan tres trimestres con contracciones en el PIB, y lo hizo con un avance del 0,4% en el Producto Interior Bruto.
En cuanto a la bolsa, la situación es bastante positiva. El Ibovespa ha avanzado un 34% en los últimos doce meses y ha demostrado un gran desempeño en las últimas semanas. Por ejemplo, la última semana de agosto consiguió revalorizarse un 5% y la primera de septiembre rozó el 2%.
La reforma de las pensiones fue aprobada en el Parlamento en agosto y ahora el Senado cuenta con tiempo hasta el 10 de octubre para votarla. En el corto plazo, quedaría fuera del pensamiento de los inversores, sin embargo, es un tema relevante, debido al enorme costo fiscal del déficit en el sistema público. Por otro lado, actualmente el Parlamento está debatiendo la reforma tributaria. Brasil tiene una carga de deuda relativamente alta y el ahorro de costes es difícil, ya que gran parte del gasto está comprometido por la Constitución, lo que hace casi imposible reducir el déficit a largo plazo.
“Todo el mundo está de acuerdo en que la reforma de las pensiones no es la única solución al problema del endeudamiento. También se necesitan tasas de crecimiento más altas para que el rating del país vuelva a situarse en territorio de grado de inversión. En este sentido, la comunidad inversora apoya a las autoridades brasileñas en la adopción de las medidas adecuadas.”, señala el equipo de gestión de deuda corporativa de mercados emergentes de MainFirst.
Lo que hace que Brasil se presente como un refugio es su situación respecto al resto de países emergentes. Brasil ha comenzado una vía reformista que podría llevarle a una buena situación económica y a reducir los desajustes en las cuentas nacionales en el medio y largo plazo. Sin embargo, países como Argentina han seguido una ruta diferente.