Después de la segunda contracción consecutiva de la economía nacional en el segundo trimestre de 2014, que colocó a Brasil en recesión técnica, el ejecutivo brasileño se vio obligado a anunciar medidas contundentes para que las arcas públicas acaben el presente año -electoral- en números positivos.
Cuando el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) publicó los datos de crecimiento negativo del PIB, el ministro de Hacienda, Guido Mantega, aseguró que el rumbo de la política económica sería cambiado por el Gobierno de Dilma Rousseff, quien ya informó de que, en caso de ser reelegida en los próximos comicios del 5 de octubre, Mantega no continuará con la cartera de Hacienda.
Así, la nueva reducción de la previsión de crecimiento del PIB llega en un momento clave para las posibilidades electorales de Rousseff, quien tras un par de meses de perder paulatinamente intención de voto, ha recuperado un poco de fuelle en la lucha directa con la candidata socialista Marina Silva, que según las encuestas podría llegar a la presidencia si alcanza la segunda vuelta.
En un año clave para el gobernante Partido de los Trabajadores (PT) del también ex mandatario Lula da Silva, Mantega reconoció que la economía brasileña "tiene una situación más difícil" pero que pese a ello estará "siempre en positivo, siempre con algún ahorro" aunque para conseguirlo -añadió- se tendrán que "hacer correcciones de ruta".
Si finalmente la previsión del gigante sudamericano se confirma, el 0,9% de crecimiento del PIB será la cifra más baja desde el dato de 2009, cuando la economía nacional cerró el año con una contracción del 0,33%.