A principios de julio, el Fondo Monetario Internacional (FMI) apuntaba a una contracción de la economía brasileña del 1,5% este año, sin embargo, tras el último dato oficial las previsiones se han ensombrecido y mucho. Así, por ejemplo Citi estima que el PIB caerá un 2,7% (un 0,7% en 2016), mientras que Barclays, mucho más pesimista, prevé un descenso del 3,2% (del 1,5$ para el próximo ejercicio).
Una mezcla de "ingresos decepcionantes, reducción de la ‘contabilidad creativa’ y mayores déficits en el fondo de la seguridad social hacen muy explícita la falta de capacidad del país para generar excedentes fiscales, haciendo que la pérdida del ‘grado de inversión’ en menos de un año sea inevitable", afirman desde el banco británico.
En el medio plazo, estos expertos prevén que la deuda se estabilice en el 78% del PIB, "a menos que se produzca un cambio significativo en el escenario político y/o económico". Por su parte, Capital Economics cree que este ratio, que ya es alto, "continuará subiendo, lo que reavivará inevitablemente las preocupaciones sobre una rebaja de calificación".
Sin embargo, en su opinión, "el riesgo más importante es que, frente a un ‘choque de trenes’ entre economía y política, el ministro de Finanzas ‘tire la toalla’ y deje el Gobierno, es decir, que Brasil perdería su último responsable político con credibilidad en los mercados".
Llaman la atención estos analistas sobre lo que consideran los dos problemas fundamentales en este sentido: el primero, es en gran medida, político y hace referencia a la "búsqueda de ahorros dentro de las limitaciones de un presupuesto rígido, un Congreso fracturado y un Ejecutivo cuya autoridad está en decadencia". El segundo, es "viejo": "Intentar reparar las finanzas públicas en un momento en el que la economía ya está débil. La historia demuestra que restaurar la salud fiscal en estas circunstancias en un proceso largo y doloroso".