El uso de las tecnologías digitales en los hogares españoles está experimentando cifras récord. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 90% de las personas de 16 a 74 años usa Internet diariamente. Pero esta cifra baja considerablemente si analizamos a lo más mayores. Solo el 36% de las personas mayores de 74 años en España utilizan internet con frecuencia.
Al mismo tiempo, España se sitúa como el sexto país más envejecido de la Unión Europea y como el segundo donde más ha aumentado la edad media desde 2012, solo por detrás de Portugal, según Eurostat. En un entorno cada vez más digitalizado, pero también cada vez más envejecido, la brecha digital en la tercera edad se convierte en un obstáculo evidente.
La pandemia marcó un punto de inflexión en la relación entre los mayores de 65 años y las tecnologías. La rápida digitalización, acelerada por los varios confinamientos, dejó atrás a ciertos segmentos de la población, a los que les ha costado más seguir este ritmo vertiginoso. De un día para otro, muchas actividades presenciales se trasladaron a las pantallas, dejando incomunicada a gran parte de la tercera edad. Incluso sorprende observar cómo la manera de socializar está cambiando debido a estos nuevos escenarios, tanto para las relaciones familiares y de amistad, como para expresar opiniones.
Pero las consecuencias de esta brecha digital implican que un gran número de personas quedan excluidas de los beneficios que ofrece la tecnología. Por un lado, puede aislar socialmente a las personas mayores, dificultando su integración en la sociedad. Por ejemplo, poder comunicarse con familiares y amigos que viven lejos, acceder a canales o plataformas de entretenimiento, o realizar trámites online. Por otro lado, puede limitar su autonomía, ya que dependen de otras personas para realizar tareas que podrían hacer por sí mismas con la ayuda de la tecnología.
En indiscutible que las TIC ofrecen grandes oportunidades y beneficio y, en concreto, su integración puede ayudar en gran medida a mejorar la calidad de vida de las personas mayores. Según el estudio de SMART Technologies, se ha demostrado que la integración de estas tecnologías en residencias se califica con un 8.66/10 de mejora del bienestar social y emocional de los ancianos y con un 7.66/10 de mejora en la participación física de los residentes.