La red blockchain Ethereum ha completado su tan esperada fusión, llamada ‘The Merge’, para hacer el cambio más importante de la historia de este proyecto crypto. Sin embargo, lo que en principio parecía positivo para la red y para el uso de su moneda, Ether, ha terminado convirtiéndose en un castigo, al menos en el corto plazo. Y es que, tras la fusión Ethereum ha caído un 20% y se ha ido hasta el nivel de los 1.360 dólares, cuando hace apenas cinco meses superaba los 3.400 dólares por token.
¿Qué es la fusión de Ethereum?
Uno de los principales hándicaps de Ethereum era el uso de la prueba de trabajo (Proof-Of-Work), ya que consume mucha energía. Sobre la prueba de trabajo hay mucha literatura escrita y es, además, la base en la que se desarrolló Bitcoin. Pero, para resumirlo, esta PoW es un mecanismo que permite a una red descentralizada, como Ethereum, alcanzar un consenso entre todos los operadores de la red y se evitar así que se pueda manipular la cadena y que sea altamente segura.
La famosa PoW también necesita de los mineros. Es decir, para que la red funcione necesita que los nodos, entendiéndose como super ordenadores, realicen complejas operaciones matemáticas para sellar los bloques y validarlos. Un proceso más seguro, pero al mismo tiempo más costoso, tanto en términos de consumo de energía como en términos de comisiones y tiempo.
Sin embargo, lo que Vitálik Buterin ha logrado conseguir con la fusión es pasar a la Proof of Stake, o prueba de participación. La prueba de participación es aquella que no necesita que estos nodos verifiquen los módulos realizando complejas operaciones matemáticas. Es un proceso de staking más rápido, sencillo y barato, pero también, en principio, menos seguro.
Este cambio se ha hecho para paliar uno de los principales hándicaps de la red Ethereum que estaba dando alas a sus competidores: las altas comisiones. Y es que, al usar el PoW, Ethereum era una red muy cara hacer transacciones, lo que dificultaba su uso. Ahora, tras la fusión se han abaratado y agilizado los costes. Algo que se pretendía que fuera positivo, pero que, al menos en el corto plazo, no lo está siendo.