Bulgaria se ha convertido en el vigésimo primer país miembro de la eurozona tras abandonar su moneda nacional, el lev, y adoptar oficialmente el euro. La transición afecta a 6,3 millones de personas y marca un hito económico e institucional para el país balcánico.
La entrada en la moneda única se produce en un contexto complejo, con un Gobierno interino, sin presupuestos aprobados y en medio de una prolongada crisis política interna, lo que añade incertidumbre al proceso de integración monetaria.
El cambio sitúa a Bulgaria dentro del núcleo monetario europeo tras años de preparación técnica y fiscal, aunque no exento de debate social y político.
Integración en la eurozona
«El euro es un símbolo de pertenencia», afirmó Dimitar Radev, gobernador del Banco Nacional de Bulgaria, subrayando que la adopción de la moneda única significa que Bulgaria «no está en la periferia» de Europa.
Las autoridades búlgaras defienden que la integración refuerza la estabilidad financiera, reduce la exposición al riesgo cambiario y consolida la posición del país dentro de la Unión Europea.

