Bulgaria se ha convertido en el vigésimo primer país miembro de la eurozona tras abandonar su moneda nacional, el lev, y adoptar oficialmente el euro. La transición afecta a 6,3 millones de personas y marca un hito económico e institucional para el país balcánico.
La entrada en la moneda única se produce en un contexto complejo, con un Gobierno interino, sin presupuestos aprobados y en medio de una prolongada crisis política interna, lo que añade incertidumbre al proceso de integración monetaria.
El cambio sitúa a Bulgaria dentro del núcleo monetario europeo tras años de preparación técnica y fiscal, aunque no exento de debate social y político.
Integración en la eurozona
«El euro es un símbolo de pertenencia», afirmó Dimitar Radev, gobernador del Banco Nacional de Bulgaria, subrayando que la adopción de la moneda única significa que Bulgaria «no está en la periferia» de Europa.
Las autoridades búlgaras defienden que la integración refuerza la estabilidad financiera, reduce la exposición al riesgo cambiario y consolida la posición del país dentro de la Unión Europea.
La adhesión se ha formalizado pese a la ausencia de un Ejecutivo con plenas competencias, lo que ha generado críticas sobre el momento elegido para culminar el proceso.
Transición monetaria y conversión automática
Durante el mes de enero, los ciudadanos podrán realizar pagos tanto en levas como en euros, aunque el cambio se devolverá exclusivamente en euros. Los bancos ofrecerán conversiones sin comisiones al tipo fijo de 1 euro por 1,95583 levas hasta el 30 de junio.
Todas las cuentas bancarias se convertirán automáticamente a euros, según han confirmado las autoridades financieras, con el objetivo de garantizar una transición ordenada y sin fricciones operativas.
La Ley del euro establece sanciones frente a cualquier desviación indebida en los precios y obliga a que los redondeos beneficien siempre al consumidor.
Expectativas económicas y límites del euro
Economistas como Stefan Rumenov consideran que la entrada en la eurozona supone un avance estructural hacia la integración europea, al reducir costes de transacción y mejorar la confianza inversora.
No obstante, Rumenov advierte de que «el euro no es una solución mágica» y subraya la necesidad de reformas estructurales, mejora institucional y disciplina fiscal para que los beneficios sean sostenibles.
La adopción de la moneda única elimina riesgos monetarios, pero no corrige por sí sola desequilibrios económicos internos.

Temor al alza de precios
Entre la población persiste la preocupación por un posible aumento encubierto de precios, especialmente en bienes básicos. Las autoridades aseguran que no se han detectado comportamientos especulativos tras el cambio.
Rosen Zhelyazkov, el primer ministro interino, ha prometido controles continuos para proteger a los consumidores, aunque el escepticismo sigue presente, sobre todo entre las personas mayores y en zonas rurales.
La adaptación al nuevo sistema monetario se percibe como un reto social, más allá de su dimensión técnica.
Celebración europea en Fráncfort
La sede del Banco Central Europeo en Fráncfort iluminó su fachada para celebrar la incorporación de Bulgaria al euro. Desde el atardecer, el edificio proyecta la bandera búlgara en señal de bienvenida.
El espectáculo, inspirado en el Himno de la Alegría, permanecerá visible hasta el 11 de enero e incluye mensajes como «Bienvenida Bulgaria» y «el euro es un símbolo de confianza».
La celebración coincide con un momento de fortaleza del euro, que cotizaba en torno a 1,173 dólares en la tarde de Nochevieja.
Peso económico y contexto político
Bulgaria cuenta con una población de 6,4 millones de habitantes, un PIB per cápita de 24.300 euros y representa aproximadamente el 0,5% del PIB de la UE. Su entrada en el euro abre nuevas oportunidades de financiación e inversión.
Rumen Radev, el presidente ha expresado reservas sobre el proceso y lamenta que no se celebrara un referéndum, reflejo de la división interna en torno a la moneda única.
Pese a las tensiones políticas y sociales, Bulgaria inicia una nueva etapa dentro del proyecto europeo con el euro como eje central de su integración económica.
