Trabajar en una oficina bancaria ya no tiene por qué sentirse como entrar en un espacio rígido, donde nada va a sorprender. A veces, basta con cruzar la puerta para percibir que algo es diferente. Eso es lo que ocurre en la nueva sede de Caja Rural de Asturias en Madrid, un proyecto que convierte el diseño en una herramienta para transmitir calma, identidad y forma de trabajar.
Estas curiosas oficinas están situadas en uno de los edificios más reconocibles del Paseo de la Castellana, ocupa una posición estratégica dentro del skyline empresarial de la capital. El encargo, firmado por Touza Arquitectos, parte de una idea clara: crear un entorno bancario contemporáneo que se aleje de lo sobrio y conecte con los valores y orígenes de la entidad.
Un espacio acogedor

El proyecto toma como referencia directa el paisaje asturiano. Verdes intensos, formas orgánicas y recorridos fluidos trasladan al interior de la oficina la sensación de valles, bosques y cursos de agua. No es una metáfora forzada. Más bien está pensado como una factor diferenciador y, sobre todo, que llevado a la práctica pueda aligerar la carga de los empleados.
El núcleo central del espacio se diseña como si fuera el cauce de un río, alrededor del cual se organiza toda la actividad.
Este gesto arquitectónico ordena la planta y, al mismo tiempo, genera una lectura intuitiva del espacio. Pero claro, esa lectura depende de cada persona, por lo que no hay interpretación correcta. Todo invita a avanzar, a explorar, a entender cómo se conecta cada zona con la siguiente.


