Caja Rural de Asturias en Madrid: las oficinas del sector bancario que rompen con la regla

La sede de Caja Rural de Asturias en Madrid integra diseño orgánico, eficiencia energética y espacios abiertos inspirados en el paisaje asturiano.
Fachada de las oficinas de Caja Rural de Asturias en Madrid Fachada de las oficinas de Caja Rural de Asturias en Madrid
Fachada de las oficinas de Caja Rural de Asturias en Madrid :: Alfonso Quiroga

Trabajar en una oficina bancaria ya no tiene por qué sentirse como entrar en un espacio rígido, donde nada va a sorprender. A veces, basta con cruzar la puerta para percibir que algo es diferente. Eso es lo que ocurre en la nueva sede de Caja Rural de Asturias en Madrid, un proyecto que convierte el diseño en una herramienta para transmitir calma, identidad y forma de trabajar.

Estas curiosas oficinas están situadas en uno de los edificios más reconocibles del Paseo de la Castellana, ocupa una posición estratégica dentro del skyline empresarial de la capital. El encargo, firmado por Touza Arquitectos, parte de una idea clara: crear un entorno bancario contemporáneo que se aleje de lo sobrio y conecte con los valores y orígenes de la entidad.

Un espacio acogedor

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El proyecto toma como referencia directa el paisaje asturiano. Verdes intensos, formas orgánicas y recorridos fluidos trasladan al interior de la oficina la sensación de valles, bosques y cursos de agua. No es una metáfora forzada. Más bien está pensado como una factor diferenciador y, sobre todo, que llevado a la práctica pueda aligerar la carga de los empleados.

El núcleo central del espacio se diseña como si fuera el cauce de un río, alrededor del cual se organiza toda la actividad.

Este gesto arquitectónico ordena la planta y, al mismo tiempo, genera una lectura intuitiva del espacio. Pero claro, esa lectura depende de cada persona, por lo que no hay interpretación correcta. Todo invita a avanzar, a explorar, a entender cómo se conecta cada zona con la siguiente.

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Curvas, luz y sensación de amplitud

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Uno de los grandes aciertos del proyecto está en la forma en la que se plantean los espacios semiabiertos. Mamparas de vidrio, aperturas estratégicas y muros curvos evitan la sensación de compartimentación excesiva sin renunciar a la funcionalidad.

Las formas sinuosas transmiten movimiento constante y rompen con la idea de pasillos interminables y oficinas cerradas. Aquí no hay sensación de encierro.

La luz, cuidadosamente estudiada, acompaña este planteamiento. Natural cuando es posible, y artificial cuando hace falta, siempre de forma homogénea y sin estridencias.

Aunque respecto a las salas y a los despachos, son espaciosos y todos tienen luz natural, algo de lo que no todas las empresas pueden presumir.

Materiales que aportan calma

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Más allá del concepto, el proyecto cuida especialmente la experiencia diaria de quienes trabajan y visitan la oficina. Suelos, paredes y techos combinan tonos suaves y texturas cálidas que refuerzan una atmósfera acogedora, poco habitual en el sector financiero.

La madera, los acabados neutros y la integración de elementos vegetales equilibran la parte más institucional del espacio. El resultado no busca impresionar ni llamar la atención, sino hacer sentir cómodo a cualquier persona que cruce sus puertas.

Una oficina pensada para trabajar mejor

El diseño no se queda en lo estético. La distribución favorece la eficiencia, la atención al cliente y la concentración del equipo. Cada área responde a un uso concreto sin perder coherencia con el conjunto.

Además, se ha puesto el foco en la calidad constructiva y la eficiencia energética, logrando la certificación del Green Building Council España, un aspecto cada vez más relevante en este tipo de intervenciones corporativas.

La nueva sede de Caja Rural de Asturias en Madrid demuestra que las oficinas financieras pueden ser amables, humanas y con identidad propia. Un espacio que no renuncia a la funcionalidad, pero que entiende que la arquitectura también comunica valores, territorio y manera de estar en el mundo laboral.

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