"Sr. Ministro,
En nuestro afán por defender los derechos del consumidor, el pasado mes de junio presentamos un estudio en el que analizábamos la política de comisiones que las entidades financieras aplican a los consumidores por el uso de tarjetas. Nuestra iniciativa quería seguir el ejemplo de países como el Reino Unido, donde hace ya 14 años, el propio Parlamento realizó una investigación similar (el informe Cruickshank) que permitió conocer que dichos cobros se aplicaban de una manera totalmente desequilibrada e injusta para el cliente. Gracias a ese análisis de la Cámara británica, hoy en día los consumidores de este país no pagan comisiones por sacar dinero de los cajeros.
El informe que elaboramos nos permitió llegar a varias conclusiones. En primer lugar, que las cuotas y las comisiones de las tarjetas bancarias aportan a la banca unos ingresos de 3.266 millones de euros, una cifra que cuadruplica el coste total del mantenimiento del parque de cajeros en España, que a día de hoy asciende a 840 millones de euros. Este desequilibrio contrasta con el actual marco normativo, que determina que la banca puede fijar libremente sus comisiones, pero siempre que correspondan a unos gastos habidos. A nuestro juicio, que la facturación por estos cobros multiplique los costes de prestar el servicio entra dentro del terreno de lo abusivo.
Por si esto fuera poco, nuestro análisis arroja otra conclusión alarmante: las entidades financieras han aumentado las cuotas y comisiones de las tarjetas bancarias de forma generalizada desde 2005. En concreto, han aplicado una subida de hasta el 167%, un encarecimiento que no corresponde ni con la evolución del IPC ni con la de los costes laborales.
En cuanto a su impacto social, nuestro estudio revelaba que la actual política de comisiones perjudica claramente a los ciudadanos con menos recursos económicos. La actual política de comisiones que se aplica en nuestro país, por la que se cobra un porcentaje del importe extraído, partiendo de un mínimo en euros, provoca que un consumidor en riesgo de pobreza abone cada año 86 euros por sacar dinero del cajero, mientras que el usuario medio paga casi la mitad: 45 euros.