En el mundo corporativo, las decisiones estratégicas determinan la supervivencia o el éxito a largo plazo. Una de las más trascendentales es decidir qué unidades de negocio mantener, cerrar, vender o expandir.
No basta con observar la rentabilidad inmediata: entran en juego la visión de futuro, las condiciones del mercado, la presión competitiva y las tendencias económicas.
Factores clave en la toma de decisiones
El primer elemento a valorar es la rentabilidad. Cuando una unidad pierde dinero de forma constante o no genera el retorno esperado, se convierte en candidata para el cierre o la venta.
Otro factor es la alineación con la estrategia corporativa. Una división que no encaja con la misión a largo plazo puede suponer un lastre, como ocurre en empresas orientadas a la sostenibilidad que deciden desprenderse de negocios dependientes de tecnologías contaminantes.
También cuentan las condiciones del mercado. Una desaceleración prolongada, cambios en la demanda o la irrupción de nuevas tecnologías obligan a ajustar la cartera. A ello se suma la presión competitiva: cuando una unidad carece de potencial para competir eficazmente, se reduce su presencia o se vende.


