Hacía tiempo que no se vivía tanto entusiasmo por una innovación tecnológica. Aunque ChatGPT y sus clones han reavivado los debates sobre el papel del trabajo humano, más allá de los puntos fuertes y débiles de la tecnología, podemos afirmar lo siguiente: Primero, que la adopción de ChatGPT tardará más de lo previsto. Segundo, el modelo de negocio de los chatbots no tiene los niveles de rentabilidad exigidos por los inversores en la actualidad, por lo que parece frágil en el entorno actual. Tercero, el uso de Big Data seguirá siendo fundamental en la adopción de la tecnología de IA Generativa. Y, por último, la necesidad de cualificar y recualificar a sus trabajadores aumentará rápidamente, pues los problemas de capital humano (y la obsolescencia de las cualificaciones) seguirán siendo fundamentales.
CONOCEMOS EL DESTINO, PERO NO EL CAMINO
Creemos que existe un paralelismo evidente entre ChatGPT de hoy en día y los vehículos autónomos de 2015. Por aquel entonces, todo el mundo estaba impresionado por la calidad de los coches autónomos y los pilotos automáticos desarrollados por Tesla y Google. Pero 7 años después, tanto los fabricantes de coches como las empresas tecnológicas han vuelto a la tierra. La tecnología estará lista algún día, pero al cerebro humano aún le cuesta predecir el calendario exacto de estas iniciativas.
Chat GPT a escala industrial no es una excepción. Quizá esta herramienta de conversación avanzada sea el futuro, pero su estrategia y modelo de desarrollo pertenecen a la década anterior (2010), caracterizada por el dinero barato y los mercados al alza. Las empresas quemaron dinero para ser las primeras en su mercado y crear efectos de escala favorables, como por ejemplo Uber, Airbnb, DoorDash y Groupon.
Las búsquedas de ChatGPT representan actualmente un coste enorme para OpenAI, la empresa que está detrás de esta tecnología. Sin embargo, estas búsquedas siguen siendo gratuitas. A este ritmo, OpenAI tendría que gastar más de mil millones de dólares cada año simplemente para satisfacer las peticiones de los internautas. A esto habría que añadir el gasto en I+D. Una cuota mensual de 42 dólares podría sin duda reducir el coste, pero los usuarios esperarían un mayor nivel de protección de los derechos de autor y serios esfuerzos para luchar contra la desinformación. Desgraciadamente, esta carrera por el protagonismo significa que cualquier noción de eficiencia energética también queda relegada a un segundo plano.
ChatGPT es sobre todo un recordatorio de que el acceso a los datos es esencial para un modelo a tan gran escala y la pieza más poderosa de esta cadena de valor, especialmente con algoritmos cada vez más competitivos, como ya es el caso. El chatbot es también un recordatorio de que el Big Data seguirá siendo un tema de inversión importante en los próximos años.