Ricos más, ancianos menos y control para todos. Así podría resumirse el espíritu de la reforma tributaria que aprobó el Congreso de Chile y que aumenta el impuesto a las fortunas, reduce la carga de ancianos y pymes.
Tras un año y medio de iniciado su tratamiento, el proyecto de Ley fue aprobado la última semana de enero por el Congreso, que trabajó más perentoriamente acuciado por el levantamiento popular de octubre.
Quién y cuánto
El texto, emanado del Ejecutivo, aumenta a 40% el techo de tributo personal (era de 35%), establece una tasa corporativa de 25% (que llega a 27% según su facturación anual) y aplica una sobretasa progresiva de entre 0,07% y 0,27% a inmuebles de mayor cotización.
Concretamente, eleva el tributo a quienes ganan más de 17.250 euros por mes y a quienes tengan viviendas de 400.000 a 1 millón de euros o más, al tiempo que grandes empresas deberán de tributar 27%, según lo publicado por el Congreso.
Se establece también, además de otros casos puntuales, un tributo a plataformas digitales que ofrezcan servicios provistos por empresas extranjeras sin domicilio en Chile (como Netflix, Spotify, Airbnb y Uber Eats). No es el caso de Uber, que tiene sociedad legal en el país.