Chillida siempre ha sido un defensor del diálogo, también en los años más duros del País Vasco. Todas sus esculturas tienen la temática de la unión y la ligereza de la existencia frente a la eternidad. Él habla a través de su arte de la influencia de la naturaleza en la piedra y el acero, y de la espiritualidad de nuestra vida en general.
Eduardo Chillida es uno de los artistas españoles más apreciados en Alemania. El escultor, que murió en 2012, era al mismo tiempo arquitecto y ambientalista. Sus esculturas expresan, sobre todo, nuestra conexión con el entorno, la naturaleza y el cielo, combinando espacio y distancia, además del peso del acero y la piedra con lo ligero del aire.
Su obra monumental, dedicada a la reunificación pacífica de Alemania, fue inaugurada en 2001 en el centro de los jardines de la Cancillería Federal en Berlín y ya forma parte de la historia del país germano. Como todas las creaciones de Chillida, esta obra ha terminado encontrando su lugar. Durante su inauguración, el canciller Gerhard Schröder definió la escultura como "una de las obras más significativas en la trayectoria del artista".
El parque de Chillida, en Hernani, alberga en un terreno de 11 hectáreas, 20 esculturas monumentales como el “Peine del Viento”, escultura que cuenta con una réplica de gran tamaño en San Sebastián.
Diez de sus obras más pequeñas están dentro de una casa tradicional vasca, la Zabalaga, que se ha convertido en lugar de visita para los estudiantes de arquitectura por su espectacular reconstrucción. El parque del complejo, denominado Leku –“situación”, “posición”, “lugar” en vasco–, se asemeja a un cementerio moderno, por lo verde y tranquilo que es, además de la eternidad y melancolía que se percibe paseando entre sus esculturas y árboles. Este terreno también alberga las tumbas del artista, de su mujer y promotora, Pilar –madre de sus ocho hijos– y de su primer jardinero y amigo, Joaquín Goicoechea.