La cercanía del verano en el hemisferio norte, mueve a millones de personas a salir de sus casas en búsqueda de unos días de descanso. Aunque para un occidental todavía sea un tema "extraño", los ciudadanos chinos salen en masa hacia destinos tanto nacionales como internacionales.
Sin duda, el turismo es uno de los rasgos característicos de las sociedades "terciarizadas", o mejor dicho, de aquellas economías que han logrado la prosperidad y que desde este momento marchan para consolidarla y seguir creciendo en el futuro. Además, el fenómeno turístico está íntimamente ligado a la creación de la clase media: una sociedad que demanda bienes de elasticidad-renta más alta y que buscan complementar sus cestas de consumo con bienes de alto valor añadido.
Al igual que sucedió en las economías europeas a mediados del siglo XX, el turismo es una seña de expansión económica para China y una ventana de oportunidad para aquellos países donde la industria ya está madura o aquellos que necesitan nuevos vectores de crecimiento. En este contexto, ha sido especialmente relevante la IV Conferencia de Ciudades Chinese Friendly celebrada la semana pasada en Toledo, donde se congregaron diferentes representantes tanto políticos como empresariales.
A diferencia del turismo prácticamente homogéneo de finales de los noventa y décadas anteriores, el turista chino presenta importantes peculiaridades para la industria turística española. Un chino en edad laboral "madura" (entre los 43 y los 50 años) gasta por día en términos per cápita menos que un "millenial" y se muestra menos exigente en la calidad de los servicios que sus propios hijos (en términos medios, el gasto por persona y día está por encima de los 250 euros según Turespaña).
A ello se añade un evidente "choque cultural" que en pocas ocasiones la oferta turística consigue salvar. No es extraño que sea así, ya que las relaciones comerciales (también turísticas) son más fuertes conforme más cercanos geográficamente están los países. No en vano, de los 68,1 millones de turistas que viajaron a España en 2015, solamente 37,5 millones proceden de tres naciones europeas y muy cercanas (15,7 millones de Reino Unido; 11,5 millones de Francia y 10,3 millones de Alemania) mientras que de China apenas llegaron 300.000 personas.