»Si Estados Unidos subiera sus aranceles a todas las exportaciones procedentes de China, como han apuntado desde Washington, ello podría costar hasta dos puntos al PIB», señala Wang Tao, economista jefe del banco UBS, en conversación telefónica con DIRIGENTES. Es decir, el peor de los escenarios sitúa a China con un crecimiento económico del 5,5% en 2019, lo cual ocurriría si EE.UU. elevase todas las tasas arancelarias al 25%. Las ventas inmobiliarias, por otra parte, está previsto que retrocedan un 6%. Y el consumo interno también puede desacelerarse unas décimas.
En este escenario, todo hace indicar la inminencia de nuevos estímulos económicos, tanto fiscales como monetarios. El crédito bancario se espera que crezca un 11%. Y la inversión en infraestructuras, con un crecimiento testimonial este año, alcanzará nuevamente los dobles dígitos durante 2019 (+11%). »Con una deuda pública cercana al 80% del PIB, existe margen fiscal para nuevas inversiones en infraestructuras, si bien es recomendable evitar un endeudamiento innecesario», alerta Zhang Ning, de UBS. Si consideramos otros agentes económicos, no solamente las administraciones públicas, el endeudamiento total en China suma un 240% del PIB.
ALGUNAS RAZONES PARA EL OPTIMISMO
Los aranceles estadounidenses, en todo caso, deberían incentivar una reforma del tejido productivo chino e incrementar su competitividad. China, pese a subir los gravámenes sobre sus importaciones procedentes de Estados Unidos, está reduciendo las tasas arancelarias al resto del mundo. Y la guerra comercial con EE.UU. ha precipitado algunos anuncios de corte reformista.