Al revisar a la baja las previsiones de crecimiento chino, el Fondo Monetario Internacional (FMI) consideraba "adecuada" la desaceleración del país ante la necesidad de ir ajustando los desequilibrios que padece: deuda privada, especialmente residencial, exceso de crédito y sobreinversión.
En este contexto, los analistas de ETF Securities Research y de Roubini Global Economics, los políticos chinos se encuentran ante una "encrucijada" (el crecimiento se ha desacelerado y la productividad de la inversión ha caído) y tienen dos opciones: "Llevar a cabo las reformas necesarias para cumplir con el objetivo más amplio de reequilibrar la economía e incrementar el consumo o asumir los activos de bajo rendimiento que se encuentran en el balance del gobierno central y dejar que el apalancamiento continúe para mantener el crecimiento en el 7%", explican.
Las declaraciones recientes de sus líderes parecen sugerir que están preparado para aceptar la "nueva normalidad" (descripción acuñada por su propio primer ministro) de un crecimiento ligeramente inferior a cambio de reformas que "equilibren la economía y la protejan de un ‘aterrizaje forzoso’ a más largo plazo.
"Nosotros vemos la mejora del PIB reduciéndose a una tasa más sostenible inferior al 7% en 2015 desde el 7,4% de 2014", vaticinan estos expertos.
Esta necesaria "transición" desde la inversión fija al consumo "se ha retrasado", en su opinión, "Xi Jinping tratando de consolidar su liderazgo y distraído con la política exterior y otros asuntos internos. Sin embargo, se han producido algunos movimientos reformistas importantes, incluida la liberalización de los depósitos".