La crisis de Grecia y China nos recuerdan que el inversor opera en mercados financieros con fuentes de riesgo políticas. De hecho ambas crisis son de naturaleza política, pues su resolución depende de decisiones de los Estados, aunque sus raíces son de orden económico.
En el caso de Grecia, menos de 2% del PIB de la Euro Zona, las decisiones han sido muy difíciles en relación al peso real económicos y financiero, pues, la resolución de la deuda pública griega de 320.000 millones de euros estaba fácilmente al alcance de los medios de la Troika. Pero la resolución de la crisis griega no resuelve definitivamente la crisis europea en sus términos más estructurales. Ello se debe a que las causas radican en la dinámica de muchos países europeos, con Gran Divergencia entre trayectoria ascendente de deuda pública y bajo crecimiento económico.
Así que la cuestión no es saber si los Estados pueden incumplir el pago de su deuda, sino en qué momento. La mayoría de países de la euro zona, con un ratio deuda pública/PIB cercano a 100% de media, evoluciona en una trayectoria no sostenible a largo plazo. El caso griego es pues un ensayo de lo que puede producirse a gran escala los próximos años.
La resolución definitiva exige en particular completar la euro zona, cuyo futuro se resume en una alternativa: «unión fiscal» o disolución de una u otra forma. De manera que a plazo hay una probabilidad del 50% de estallido de la euro zona. De hecho la unión fiscal depende de decisiones políticas muy inciertas, más utópico que realista en esta fase.
Desde hace años las incertidumbres políticas alteran periódicamente los mercados, pues más difíciles de entender que el riesgo, no cuantificables, que depende de algunas personas. No existe modelo ni marco de análisis para medir la incertidumbre política y el impacto en la prima de riesgo de los activos. Además conlleva la necesidad de diversificar y proteger las carteras, pues un choque político se puede transformar en crisis financiera o económica. Los bonos de EEUU y alemanes, por liquidez y, en menor medida, activos ilíquidos como private equity o hedge funds, pueden desempeñar este papel.