La economía china se encuentra en plena transición: desde un modelo basado en la inversión y las exportaciones hacia un modelo de crecimiento impulsado por el consumo. Lo único que puede decirse al respecto es que se trata de una carrera de fondo.
La cuota actual que representa el consumo del sector privado en el PIB chino se encuentra en niveles bajos, en comparación con regiones tan diversas como Estados Unidos, la Zona Euro o incluso Brasil. Esta transición, que tiene su origen en la satisfactoria salida china de la pobreza y el aumento de su PIB per cápita, se asemeja bastante a dos casos de éxito que hallamos en el continente asiático.
Japón y Corea del Sur han seguido una trayectoria de desarrollo muy similar. A pesar de seguir un camino similar, el ritmo de desarrollo se antoja mayor. Si nos atenemos a estos simples parámetros, China alcanzará unas tasas de PIB per cápita y de crecimiento parecidas a las que registran actualmente Corea del Sur y Japón, pero solamente en el año 2030. De este hecho también se desprende que, en las décadas venideras, China mantendrá un crecimiento estructural a un ritmo menor.
La desaceleración estructural china está bien documentada y no entraña un riesgo en sí. Se trata de una transición que no ha sido ideada por la política, sino que forma parte puramente del desarrollo económico. Otros países han gestionado esta transición, si bien no desprovista de volatilidad. No solo es el ritmo creciente de desarrollo económico lo que la distingue de los ejemplos históricos, lo que aumenta su vulnerabilidad. En contraste con Japón en los años 80 y Corea en los 90, China ya es uno de los pesos pesados de la economía mundial y su crecimiento en los años más recientes se ha financiado en gran medida con el crédito.
Como resultado, el crecimiento chino parece frágil, especialmente en lo que respecta a su enorme exceso de apalancamiento. Desde el año 2009, el volumen de crédito concedido a los sectores no financieros se incrementó desde 16,6 billones de dólares hasta los 25,8 billones en el segundo trimestre de 2015, lo que representa un pasivo equivalente al 244 % del PIB, una cifra tan elevada como en Estados Unidos. En los seis últimos años, China representó en torno al 60% de la nueva financiación crediticia neta mundial. Dicho de otro modo, el crédito internacional concedido a los hogares aumentó en un 235%, el crédito a las empresas no financieras se incrementó en un 178% y el crédito a los entes públicos en un 147%.