La disputa entre el conglomerado chino Wingtech y su filial neerlandesa Nexperia ha escalado hasta el punto de cortar el flujo de obleas entre Europa y Asia. Lo que parecía una fricción empresarial se ha convertido en un caso de geopolítica en estado puro, con la industria automotriz mirando el reloj y Bruselas tomando partido.
Todo comenzó cuando el Gobierno de Países Bajos intervino Nexperia alegando motivos de seguridad nacional. Aplicó por primera vez la Ley de Disponibilidad de Bienes de 1952 y destituyó al consejero delegado, Zhang Xuezheng, fundador del grupo chino Wingtech. El Tribunal de Apelación de Ámsterdam colocó la empresa bajo administración judicial y Zhang perdió temporalmente el control operativo.
Pekín contraataca
China no tardó en responder. El Ministerio de Comercio calificó la medida neerlandesa de «injerencia inadecuada» y culpó a esa decisión de provocar «una disrupción en las cadenas globales de suministro». En represalia, Pekín prohibió la exportación de chips de Nexperia hacia Europa. Días después, intentó suavizar la tensión anunciando posibles exenciones a empresas cooperativas, una maniobra para contener el daño.
La cadena se rompe
El 26 de octubre, la filial neerlandesa suspendió los envíos de obleas de silicio a su planta en Dongguan (China), alegando impagos por parte de la dirección local. Desde el lado chino, Wingtech negó los retrasos y tildó la decisión de «unilateral e irresponsable». Pese al bloqueo, la matriz aseguró que podrá mantener el suministro a sus clientes, aunque el tono de sus comunicados deja claro que la fractura es más profunda que una cuestión contable.
Efecto dominó en la automoción
Las alarmas se encendieron en la industria automotriz, que depende de los chips de Nexperia para mantener sus líneas en marcha. Fabricantes como Volkswagen, Mercedes-Benz y Honda advirtieron de posibles paros de producción. En Europa, la ACEA y la española Sernauto alertaron de un «riesgo inminente» de interrupciones si el flujo de componentes no se restablece pronto.
