A pesar de que la conciencia en torno a la importancia que los dirigentes deben otorgar a la ciberseguridad, un gran número de compañías siguen postergando la mejora de su infraestructura y la introducción de técnicas capaces de hacer frente a las amenazas. Según el Informe de Defensa contra Ciberamenazas 2020, el 87,5% de las empresas españolas se vieron afectadas por, al menos, un ciberataque con éxito. Una tendencia que corrobora el ManageEngine’s 2021 Digital Readiness Survey al indicar que el 83% de los encuestados a nivel mundial afirma que los teletrabajadores aumentan los riesgos en este campo.
En este escenario, desde ManageEngine, la división de gestión de TI de Zoho Corporation, agrupan los principales riesgos a los que se enfrenta la ciberseguridad a nivel mundial en cuatro grupos. El ransomware, entendido como una amenaza a la infraestructura informática y la tecnología operativa de las empresas. La explotación del trabajo a distancia que ha aumentado el riesgo de ataques basados en VPN y RDP, que se propagan a través de los dispositivos personales de los empleados. Ataques basados en la nube, debido a que el paso al entorno cloud ha aumentado el riesgo de malware y ransomware, debido a una configuración errónea y, en cuarto lugar, se encuentran los ataques dirigidos, en los que los delincuentes ahora dedican más tiempo al reconocimiento y estudio de las organizaciones con el fin de incrementar su tasa de éxito.
En una charla con DIRIGENTES, el vicepresidente de productos de ManageEngine, Manikandan Thangaraj, explica que, en la actualidad, estamos evolucionando hacia un futuro en el que los delincuentes utilizarán la Inteligencia Artificial y el malware para realizar ataques que se autopropagarán o se adaptarán en función de las respuestas de las organizaciones. Por ello, resalta las consecuencias del avance de la tecnología: “Con la llegada del 5G y los dispositivos IoT, los ciberdelincuentes podrán lanzar ataques más rápidos a diferentes tipos de dispositivos”.
Además, al tratarse de aparatos inteligentes podrá tener “graves repercusiones para los usuarios”. Entre ellas subraya el disruptionware, una técnica que podría convertirse en algo habitual y que consiste en que, además de interrumpir los datos y los sistemas informáticos de la víctima, “también se interrumpen las operaciones empresariales esenciales”.
Un riesgo global
En esta línea, Thangaraj hace hincapié en que cualquier tipo de organización se encuentra en el radar de los ciberdelincuentes, por lo que pretende eliminar la creencia que tienen algunos empresarios de que estos riesgos solo se dirigen a grandes compañías, lo que provoca que algunas pymes “no inviertan en las soluciones de seguridad y defensas adecuadas”.